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21/11/2019

LA HISTORIA Y SU ROL EN LA SOCIEDAD

POR

FRANCISCO SÁNCHEZ URRA

Historiador

Por mucho tiempo se ha escuchado y leído en torno al rol “enjuiciador” de la disciplina histórica y su amplio rol en la estructuración de “relatos y verdades”, especialmente considerando los procesos de coyuntura que buscan elevar a “santos seculares”, estableciendo elementos más parecidos a la connotada novela “1984” que el rol esencial de la disciplina histórica.

Como hemos señalado en diversas ocasiones la Historia como disciplina no es un tribunal de justicia, tampoco es labor del historiador (o quien hace de sus veces) ser “fiscal”, imponiendo así una forma de pensamiento o mucho menos ideas en torno a procesos.

Los investigadores en el ámbito de la disciplina histórica, siguiendo un proceso científicamente elaborado, lo que realizan es la explicación de un proceso en donde la honestidad en la búsqueda de las fuentes, su análisis y el uso de otras disciplinas lo lleva a establecer respuestas muchas veces transitorias frente a hechos que son parte de su motivación de estudio.

Es por ende que debemos aprender a leer entrelineas y comprender las ideas que hay detrás de cada una de las investigaciones y publicaciones que podemos encontrar, es así que la comprensión de quién está exponiendo sus hallazgos y la tribuna a quien va dirigido son elementos fundamentales para la puesta en valor, debate y cuestionamiento de una obra inédita o publicada.

Tomando en cuenta estos antecedentes tenemos que tener claridad respecto a los paradigmas presentes en las ideas de cada uno de los autores, en donde pensamientos totalitarios como son el materialismo histórico pueden estar sutilmente presente en relatos que van conformando la difusión de un discurso muchas veces ajeno a los valores humanistas propios de la disciplina histórica desde sus orígenes.

Aunque la Historia es una disciplina abierta, pues todos potencialmente pueden ejercer el “oficio del historiador” como planteaba la Escuela de los Annales, debemos tener en cuenta que hay elementos fundamentales que deben ser considerados por quienes se aventuran en la investigación, al igual que en la lectura o la exposición de resultados de una investigación, sin importar formato, color o modelo.

Por un lado la necesidad de un pensamiento crítico respecto a lo expuesto, considerando que toda investigación es un proceso que puede tener fallas debido al acceso de las fuentes o simplemente la omisión de estas.

Seguidamente la autoridad del autor, asumiendo la muchas veces maldita costumbre del plagio en la que incluso “top de ventas” han caído, demostrando su falta de rigor y poca ética, poniendo en cuestionamiento toda su investigación pasada y futura.

Evidentemente comprender desde donde escribe el autor, esto resulta fundamental, muchas veces caemos en lo atractivo de un relato pero olvidamos el fondo, que en algunos casos queda de manifiesto en la introducción.

De esta forma también debemos establecer una crítica por parte de quienes nos decimos historiadores, debemos lograr expresar en forma sencilla nuestros relatos y cumplir ese rol esencial de la disciplina histórica que es la divulgación, sin dejar de carecer de rigurosidad y evidentemente comprendiendo nuestras propias limitaciones. Este hecho es fundamental asumiendo que la Historia ha perdido espacios por la obsesión o comodidad de artículos indexados, manteniendo una brecha entre la sociedad en su conjunto y enfocándose en forma casi obsesiva a núcleos académicos excluyentes buscando prestigio.

Es por tanto que la Historia como disciplina no debe olvidar su rol fundamentalmente humanista, generando conocimiento científicamente elaborado y que debe fomentar la libertad, desplazando el desestructuralismo y valorando en esencia aquello que nos ha permitido vivir en paz y generar progreso.

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