Septiembre: mes para recordar a las soldados chilenas
04/09/2020

ORÍGENES DE LA RESERVA MILITAR EN CHILE

POR

SANDRINO VERGARA PAREDES

Miembro de la Academia de Historia Militar

La Historia de la Reserva Militar en Chile, tiene su origen en el mismo crisol de la nación, cuando a mediados del S. XVI comenzaron a fusionarse las huestes ibéricas con los habitantes nativos del territorio, lo que a la larga dio origen al pueblo chileno. En este contexto se debe recordar, que los conquistadores españoles que llegaron con don Diego de Almagro y don Pedro Valdivia, eran en su mayoría hombres sin formación militar, que se convirtieron en soldados al arribar a América. Un caso similar sucedió con los pueblos originarios, en particular con los araucanos o mapuches, quienes debieron dejar sus tierras y animales, para enfrentar la amenaza del invasor.[1]

Con el paso del tiempo, casi al finalizar el periodo colonial, gracias a la implementación del “Reglamento para las milicias de Infantería y Caballería en la isla de Cuba”,[2] establecido en 1769, se reformaron en toda Hispanoamérica incluida la Capitanía General de Chile las unidades milicianas. Estos cuerpos estaban integrados por súbditos civiles que recibían instrucción militar los fines de semana, los cuales tenían por misión apoyar a las tropas veteranas que, para el caso de Chile, eran los soldados profesionales del tercio de Arauco. Por esta razón se puede afirmar, que los milicianos del pasado también son antecesores de los actuales reservistas.

Durante el periodo de la Independencia, que acaeció en las primeras décadas del S. XIX, gran parte de las tropas que integraron los ejércitos tanto patriotas como realistas, fueron milicianos. En este sentido digno es de mencionar, que a este grupo perteneció el más ilustre de los héroes de la emancipación nacional, quien es considerado el padre de la Patria, don Bernardo O’Higgins Riquelme.

El prócer, al enterarse del desembarco del brigadier Antonio Pareja en la desembocadura del río Lenga, bahía de San Vicente, el 26 y 27 de marzo de 1813[3] , dejó de lado el trabajo en su hacienda de “Las Canteras” y por cuenta propia formó una unidad combate, el Regimiento de Caballería Nº 2 de Laja, integrado por sus inquilinos, peones y vecinos, e inició una nueva etapa en su vida, al adoptar la carrera militar a los 34 años de edad.[4]

El general O´Higgins en su trayectoria, no se caracterizó por ser un genio militar como Napoleón, sino que él se destacó por su valor a toda prueba, ya que siempre se lo vio al frente, dirigiendo a sus soldados en las posiciones de mayor riesgo, como cuando fue herido en la pierna mientras reagrupaba a sus hombres y se lanzaba a la carga en el combate de El Roble, convirtiendo una derrota segura en victoria, pronunciando su célebre frase: “Muchachos a mí, o vivir con honor, o morir con gloria, el que sea valiente que me siga”[5]. Posteriormente, se lo vería a la cabeza de sus soldados, dirigiendo la carga que rompería el sitio de Rancagua. En la patria nueva, gracias a su ímpetu se logró la victoria de Chacabuco, que despojó a los realistas del poder en nuestro país. En Cancha Rayada fue herido gravemente en el brazo, hasta se lo dio por muerto, pero esto no fue impedimento para que días más tarde, a pesar de la fiebre y la anemia que lo aquejaban, se presentara en los llanos de Maipú el 5 de abril de 1818.

Años más tarde, durante la Guerra contra la Confederación Perú-boliviana, surgió el personaje que simboliza con mayor fuerza a los reservistas de las Fuerzas Armadas de Chile, “el Roto Chileno” quienes, a pesar de ser civiles, cuando sintieron a la patria amenazada, dejaron de lado el azadón y la pala y acudieron prestamente a los cuarteles, dispuestos a regar con su sangre tierras extrañas. Estos hombres y mujeres, vieron coronados sus esfuerzos en la batalla de Yungay el 20 de enero de 1839, victoria que aún hoy se recuerda con fuerza en los cuarteles militares, gracias a su himno.

Como prueba de que las mujeres reservistas también estaban presentes desde esos años en la Historia Militar, está el caso de la sargento Candelaria Pérez, quien al estallar el conflicto era civil y se encontraba establecida en el puerto del Callao en el Perú. Sin embargo, al arribar las tropas chilenas a aquellas tierras, rápidamente dejó de lado el trabajo en su fonda “La Chilena” y se enlistó como cantinera en el Batallón “Carampangue”, destacándose por su valor y participando fusil en mano, en la toma del cerro Pan de Azúcar, en las primeras acciones de la decisiva batalla de Yungay.[6]

En el último conflicto bélico internacional que vivió Chile hace más de 140 años, nuevamente acudieron a los cuarteles miles de reservistas, bajo el nombre ahora de Guardias Nacionales. En cada pueblo o ciudad del país se conformaron unidades militares llamados batallones movilizados, quienes se peleaban por el honor de acudir al norte a defender a la patria. En este sentido, no se puede omitir que más del 90 por ciento de los soldados que pelearon y murieron en aquella guerra fueron reservistas, ya que al iniciarse el conflicto en febrero de 1879, el Ejército de Chile contaba con sólo 2.200 hombres, pero en el transcurso de la guerra “unos 70.000 chilenos sirvieron en algún momento bajo bandera”[7].

Dentro de los héroes de esta guerra, se ha destacado a otro gran reservista de la Historia Militar chilena, el capitán Ignacio Carrera Pinto, nieto del otrora prócer de la Independencia, el general José Miguel Carrera. Al estallar el conflicto en el norte, él poseía 31 años y se dedicaba a arrear ganado desde Argentina a Chile. Sin embargo, inmediatamente y a pesar de su apellido y su abolengo familiar, se enlistó como soldado voluntario en el Regimiento Cívico Movilizado de Infantería “Esmeralda”, que luego pasaría a la historia como el “7º de Línea”. Por sus cualidades, rápidamente ascendió a Sargento 2º y en la campaña a Lima, ya era subteniente. Luego, fue redestinado a la unidad con la cual se cubrió de gloria, el Batallón de Infantería Nº 6 “Chacabuco”.

Asimismo, tras la toma de Lima, él volvió a Santiago con el grado de teniente, pero su destino de héroe le tenía preparada otra suerte, así que volvió al Perú a participar en la campaña conocida como de la Sierra o de la Breña. Dentro de este contexto, él asumió el mando de la 4ª compañía del “Chacabuco” y se le ordenó cubrir la guarnición del pueblo peruano de La Concepción.

Corrían las 14:30 horas del día 9 de julio de 1882, cuando el pueblo fue atacado por fuerzas enemigas superiores en número. Ante semejante adversidad, el teniente Carrera junto a sus soldados no dudaron en hacer carne y sangre, el juramento que años atrás habían realizado ante el pabellón patrio y cayeron combatiendo uno a uno los heroicos chacabucanos, hasta el último hombre a la mañana del día siguiente, sin rendirse jamás. En esta misma línea se puede agregar, que el ascenso de Ignacio Carrera Pinto a capitán, ya había sido cursado, pero él no alcanzó a vivir lo suficiente para recibirlo. [8]

Por otro lado al cumplirse un año de esta hazaña, el 10 de julio de 1883, se combatió en Huamachuco la última gran batalla de la Guerra del Pacifico y fueron nuevamente los reservistas de los batallones movilizados “Concepción” y Talca”, quienes vencieron al Ejército peruano del general Andrés Avelino Cáceres, conocido como el “Brujo de los Andes”, sellando definitivamente el triunfo de las armas chilenas en el conflicto.[9]

Al finalizar la Guerra del Pacífico, el alto mando del Ejército, junto a las autoridades políticas de la época, vislumbraron que, pese al triunfo, la Institución debía ser modernizada. Es así como en septiembre de 1885, se contrató al capitán del Ejército Imperial Alemán, Emilio Körner Henze para modernizar al Ejército chileno.

Los frutos inmediatos de esta transformación, se vieron en la trágica Guerra Civil de 1891, donde el Ejército Congresista, que tenía como Jefe de Estado Mayor a Körner, venció a los "Viejos Tercios" leales al Presidente Balmaceda, que seguían a la usanza francesa, el mismo usado en la Guerra del Pacifico.[10]

En este contexto de modernización general, se consideró que el Ejército de línea no podía seguir dependiendo de la extinta Guardia Nacional como reserva, sino que necesitaba una organización más moderna, es así como nació el Servicio Militar Obligatorio, por medio de la Ley Nº 1.362 llamada de Reclutas y Reemplazos del Ejército y la Armada, creada por el teniente coronel Juan de Dios Vial y promulgada el 5 de septiembre de 1900.

Finalmente, se puede señalar que esta última fecha se la reconoce como el “Día del Reservista”, pues desde ese entonces el Ejército, la Armada y luego en 1930 también la Fuerza Aérea de Chile, heredera de ambas instituciones y tradiciones, poseen no sólo al personal de línea para defender a la patria, sino que también a miles de reservistas, quienes también dedican parte importante de su tiempo, de sus capacidades y de su vida, para hacer más grande a Chile.

NOTAS AL PIE

*Miembro de número de la Academia de Historia Militar, Oficial de Reserva de la Fuerza Aérea de Chile, Profesor de Historia y Geografía por la Universidad de Concepción, Magister en Historia Militar y Pensamiento Estratégico por la Academia de Guerra del Ejército, Magister en Docencia para la Educación Superior por la Universidad Central de Chile, Profesor de Historia Militar e Historia Aeronáutica de la Escuela de Aviación, “Capitán Manuel Ávalos Prado” de la Fuerza Aérea de Chile.

1. Barros Arana, Diego, “Historia General de Chile”, Editorial Universitaria, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Santiago de Chile, Segunda Edición, 2000.

2. Ossa, José Luis, “La reconstrucción del Ejército de Chile en una era reformista (1762-1810)” Revista Economía y Política, Santiago de Chile, Volumen III, N°1, pp. 103-131.

3. De la Sotta, Rafael, “Carta del Gobernador de Talcahuano don Rafael De la Sotta, sobre el desembarco de Pareja”, Colección de Historiadores y de Documentos relativos a la Independencia de Chile, Imprenta Cervantes, Santiago de Chile, 1900, Tomo II, p. 273 y 274.

4. Bernardo O’Higgins Riquelme había nacido en la ciudad de Chillán, el 20 de agosto de 1778.

5. Barros Arana, Diego, “Historia Jeneral de Chile”, Rafael Jover Editor, Santiago de Chile, 1888, Tomo IX, p. 188.

6. Silva, Ignacio, “La Sargento Candelaria Pérez, recuerdos de la campaña de 1838 contra la confederación Perú-Boliviana”, Imprenta Cervantes, Santiago de Chile, p. 41.

7. Arancibia, P., Balart, F., Brahm, E., San Francisco, A, “El Ejército de los Chilenos 1540-1920”, Editorial Biblioteca Americana, Santiago de Chile, 2007, p. 183.

8. Miranda Espinoza, Julio, “Ignacio Carrera Pinto, El Héroe”, Departamento Comunicacional del Ejército, Santiago de Chile, 2011.

9. Valenzuela, Raimundo, “La Batalla de Huamachuco”, Imprenta Gutenberg, Santiago de Chile, 1885.

10. Arancibia, Opus Citatus, pp. 201-268.

1 Comment

  1. David Pineda Garrido dice:

    Es un gran aporte para un Reservista conocer el origen de la Reserva, se agradece este tipo de publicaciones, que nos motivan a continuar día a día con nuestra preparación. Hemos aportado a esta Nación desde su nacimiento y seguiremos preparándonos hasta que el clarín toque el llamado.

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