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EL FARO MILITAR

POR

RODRIGO ARREDONDO VICUÑA

Historiador

Magíster en Historia Militar y Pensamiento Estratégico

Miembro de la Academia de Historia Militar

Treinta años antes del fin del siglo XIX, salió a la luz un periódico semanal denominado El Faro Militar, antecedente que por su título debiese ya llamar la atención del siempre ávido investigador, en la búsqueda permanente de fuentes para el desarrollo de la historiografía militar, más aún al incorporar la frase que figura en las siguientes líneas: Órgano del Ejército, de la Marina i de la Guardia Nacional.

Si hasta este punto el historiador ya se siente interesado, es necesario hacerlo partícipe del motivo de su creación, cuyos autores, un día 4 de septiembre, lo dejaran plasmado en el primer número: “…desarrollar entre los que han abrazado la noble profesión de las armas, el gusto por el estudio, transcribiéndoles cuantos adelantos se hacen el viejo mundo i en los Estados Unidos de Norte América, refiriendo los grandes hechos militares que han llevado a cabo los más grandes hombres. Esta publicación también será una especie de Boletín que contendrá el movimiento de la Marina, del Ejército i de la Guardia Nacional; en él se dará publicidad a todos los decretos de interés i a la multitud de disposiciones de las Comandancias Jenerales e Inspecciones, sobre réjimen, gobierno i disciplina, que pasan las mas veces desapercibidas e ignoradas por muchos. El Faro Militar franquea sus columnas a todos los amantes de la ilustración, sean o no militares, que quieran favorecernos con publicaciones curiosas o estudios de utilidad; i especialmente invitamos en este sentido a aquellos que, como nosotros, desean hacer de la ciencia de las armas una verdadera profesión… ”.

La frase citada, engloba lo que puede encontrarse en este periódico, no sólo boletines de leyes y documentos transcritos, junto a crónicas nacionales, extranjeras, noticias, adelantos en armas y tácticas e incluso bromas, conforme a sus redactores, entre los cuales estuvo el sargento mayor Eleuterio Ramírez Molina “… las obras militares faltan en Chile, i un periódico que transcriba i dé cuenta de las publicaciones que se hacen en otros países, no hai duda que en mucha parte suplirá esa falta. Además el periódico da facilidad para que se luzcan tantas intelijencias que permanecen ignoradas…”.

Sin embargo, la empresa llevada a cabo por los oficiales redactores y que buscaban ser una luz en la pesquisa del conocimiento respecto a la ciencia de la guerra, tuvo una corta vida. El 26 de marzo de 1871 salió de la imprenta su último número, según sus autores, por imperiosas necesidades que debían atender y a pesar de dejar escrito un retorno en el futuro, con desaliento se lee entre las líneas de la primera página: “en medio de tanta grandeza, de tanto progreso vemos con sentimiento que la ciencia militar, del cual penden los destinos de los pueblos, segun nos lo han demostrado los últimos acontecimientos de la guerra europea, se halla en Chile como una nave que careciendo de los adelantos de la ciencia inventados por Fulton, se mece en medio del océano en la mas completa calma sin poder arribar a puerto de su destino… Un periódico ilustrado i perfectamente atendido, ayudaría a la ciencia militar a salir de esa postracion procuraria los medios de impulsarla en busca de la senda que nos han dejado trasada los adelantos del siglo, i que nuestra desidia, nuestra indeferentismo mas buen dicho, nos la va haciendo desaparecer de nuestra vida i precipitándonos en el mas completo abandono”.

La visión de los autores, expresadas en las líneas anteriores, junto con la revisión de los números editados, cuya impresión se efectuaba gracias a varios suscriptores, podría permitir al investigador descubrir parte del pensamiento militar de finales del siglo XIX y quizás, le permita desmitificar la imagen de la formación y educación del militar, un tanto eclipsada por las revisionismos permanentes respecto del sistema alemán, cuya influencia fue incorporada al Ejército tras la Guerra del Pacífico.

Asimismo, las diversas publicaciones integradas en la redacción del diario, permitirían evidenciar la preocupación de la oficialidad por el acervo cultural, como la búsqueda por mejorar las instituciones, manteniéndolas al día en el conocimiento de la ciencia militar.

Nuevas visiones y análisis invitan a revisar El Faro Militar, el cual podría representar una fuente para el estudio de la historia militar. Finalmente, para aquellos historiadores interesados en revisar las diversas temáticas impresas en sus hojas, hay un original de los veinticinco números de esta publicación en la biblioteca de la Escuela Militar , en tanto que en la WEB es posible hallar la colección completa en formato PDF, en gran calidad gráfica.

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