Combate de Sangrar. 26 de junio 1881
27/06/2018

Por
Marcos López Ardiles y Eduardo Arriagada Aljaro.
Algunos de los chilenos que sobrepasan los sesenta años, se acordarán de haberlos visto en ceremonias y desfiles.

EL DÍA DEL VETERANO DE LA GUERRA. EN EL ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE CHORRILLOS

POR

MARCOS LÓPEZ ARDILES

EDUARDO ARRIAGADA ALJARO

Algunos de los chilenos que sobrepasan los sesenta años, se acordarán de haberlos visto en ceremonias y desfiles. Con actitud inmutable, vestían sus viejos uniformes cargados de medallas y sus rostros estaban surcados tanto de arrugas, como de orgullo. Los veteranos de la Guerra del Pacífico eran los últimos vestigios vivientes de los soldados y marinos que habían colmado a Chile de glorias.

Al buscarse testimonios de sus experiencias de guerra, se encontró uno que fue entregado por José María Soto, quien había sido soldado del Regimiento 2º de Línea y quien ya contaba con 87 años. Indicó lo siguiente: “Bueno, a mi me tomaron para pelear en Colchagua. Era «huaina» entonces. Me llevaron al norte y allí peleé en Chorrillos, Miraflores, Huamachuco. Hice toda la campaña de las Sierras. ¡Allí todos eran hombres! ¡Eso costó mucho!” Después continuó: “Digan que peleé en toda la guerra como buen chileno, sin miedo a nada. Chorrillos, Miraflores, eso era valor; los niños mataban que daba gusto y había que defenderse porque los peruanos combatían valientemente… Yo fui herido en el estómago y estuve muriendo, pero sané y aquí me tienen con mis 87 años”. Estas palabras dan cuenta de un espíritu que se mantenía incólume pese a los años, y es de destacar que nuestro veterano chileno reconocía también el valor de sus pares peruanos.

Haciéndolo coincidir con el aniversario de la batalla de Chorrillos, en el año 1926 se instituyó el 13 de enero como el Día del Veterano. Tuvieron que pasar casi cuarenta años desde el término de la guerra, para que aquellos sobrevivientes tuvieran un día dedicado al reconocimiento de sus conciudadanos. Habían sido cerca de seis mil los que quedaron tendidos en los campos de batalla, en las cubiertas de los buques, o sepultados en el fondo marino. En fechas diferentes, más de cuarenta mil fueron regresando a la Patria, muchos de ellos mutilados, varios enfermos y algunos ciegos. Esas vidas y esas llagas eran el tributo que había pagado Chile por defender su honor. Esas tumbas perdidas en lejanos territorios y esas reliquias vivientes, habían sido el precio de los territorios conquistados a un bravo enemigo.

Las nuevas generaciones no los conocieron. El último murió en Temuco, en 1965, cuando tenía 104 años y se llamaba Ricardo Orellana Olate. Se había enlistado como corneta teniendo 22 años y falleció siendo General de División, grado al que ascendió en un reconocimiento especial. Unos años antes, en 1958, había muerto a los 96 años don Wenceslao Vargas Rojas, quien había sido tripulante de la “Esmeralda” de Iquique y estando retirado se le había otorgado el grado de Vicealmirante.

¿Cuál podría ser la relación entre el Día del Veterano y el aniversario de la batalla de Chorrillos? La respuesta podría encontrarse en el número de combatientes que tomaron parte en esa acción. En realidad, la batalla de Chorrillos conforma una unidad con la batalla de Miraflores, la cual se produjo al día subsiguiente de la primera (15 de enero de 1881) y ambas constituyen la médula de la Campaña de Lima, que forzó las puertas de una ciudad que fue defendida a sangre y fuego.

Precisamente, la Campaña de Lima destaca por el elevado contingente chileno y peruano que tomó parte en ella. Se estima que para dicha campaña el Ejército peruano disponía de unos 20.000 efectivos, mientras que su homólogo chileno contaba con unos 23.000 hombres. Dentro de esa campaña, en la batalla de Chorrillos participaron cerca de 45.000 hombres (entre peruanos y chilenos), mientras que en la batalla de Miraflores tomaron parte entre 20.000 y 25.000 hombres (también entre peruanos y chilenos).

Comparando con otras cifras de efectivos que participaron en las campañas militares que han ocurrido a lo largo de nuestro devenir histórico, se puede decir que las batallas de Chorrillos y Miraflores han sido las acciones de armas que han convocado el mayor contingente de hombres de la historia militar chilena.

Veterano, los viejos sobrevivientes conmemoraban de manera especial el aniversario de la batalla de Chorrillos. Más allá del número de efectivos, recordaban a sus compañeros que perdieron la vida en las jornadas de Chorrillos y Miraflores, y celebraban esas dos victorias, que fueron militarmente decisivas.

La gran mayoría de los veteranos volvió a sus lugares de origen y trataron de readaptarse a la vida civil, empeño en el que muchos tuvieron éxito, pero otros tantos, los de situación social más modesta, pasaron a incrementar las cifras de pobres, e indigentes. Se habló en esos años del “pago de Chile”, pues se criticaba al Estado por las exiguas pensiones que recibían los antiguos combatientes de las campañas contra Bolivia y el Perú. Como confirmando esa percepción, mas de alguna vez alguien vio en la calle a ancianos que pedían caridad y que en su pobre vestimenta resaltaban las medallas obtenidas en la guerra.

En muchas ciudades de Chile, los veteranos se reunieron en diferentes organizaciones para rememorar sus viejas glorias, para ayudar a los más necesitados y para conseguir que el Estado les ayudara a sobrellevar las precarias condiciones en las que algunos subsistían. Entre otras instituciones, destacan las de Copiapó, Valparaíso, Talca y Osorno, y en Santiago fueron varias las que formaron ya sea de manera espontánea, o patrocinadas por la Iglesia, o por el Ejército. Tal vez la que agrupó en la capital al mayor número de veteranos fue el “Círculo de Veteranos del 79”, cuyo propósito principal fue el de entregar ayuda económica y proporcionar bienestar a sus miembros, lo que incluía los gastos funerarios por el fallecimiento del socio, o de los integrantes de su grupo familiar. Adicionalmente, el Círculo llenó un vacío importante en la vida de los viejos soldados: servía de centro social para que alternaran los veteranos y con ese fin el Ejército les asignó un viejo caserón ubicado en la calle Carmen Nº 339, el que pronto se convirtió en hospedería y la que muchos tuvieron por último cuartel. El Círculo fue primero presidido por el coronel Adolfo Silva Vergara, a quien después lo sucedieron los generales José María Barceló Lira y Carlos Meirelles Gallardo. La casa de la calle Carmen funcionó ininterrumpidamente hasta 1969, año en el que ya habían desaparecido los últimos sobrevivientes de la guerra. Ese mismo Círculo existe hasta hoy con el nombre de “Circulo de Jefes y Oficiales en Retiro, General Adolfo Silva Vergara”, el que se encuentra ubicado en una antigua mansión de la Alameda y es presidido por el general Ramón Valdés Rozas.

Precisamente, en el cuartel de la calle Carmen, donde hacia septiembre de 1950 funcionaba allí el “Cuerpo de Inválidos del Sargento Rebolledo”, tuvo lugar, durante el día 20 de ese mes, una velada en la que se conmemoró el aniversario patrio y el cumpleaños de dos veteranos: uno era José Martínez Peña, quien cumplía 100 años y el otro era Bonifacio Tenorio Salas, quien ya contaba con 120 años. En la misma ocasión, ocurrió un encuentro muy emocionante: el saludo entre el sargento José Martínez Peña (chileno) y el soldado peruano (y ex - combatiente de la Guerra del Pacífico) Valentín Eyzaguirre Prieto, quien ya había estado antes en suelo chileno como prisionero de guerra, pero que ahora volvía en una condición muy distinta. La velada fue presidida por el general José María Barceló Lira. La revista Vea cubrió este evento, e hizo el siguiente comentario: “Pero hay algo que llama extraordinariamente la atención de los concurrentes al almuerzo con que se celebran los dos acontecimientos de que damos cuenta: el óptimo estado de salud en que se encuentran los 45 hijos espirituales del General Barceló, que han fijado residencia en el cuartel de la calle Carmen. El doctor Figueroa, médico de cabecera de cada uno de ellos, quien a la vez ha convertido la casa en un verdadero laboratorio de experimentación sobre longevidad, nos dice sonriente que allí no hay secreto; cada uno de los veteranos hace lo que le viene en gana durante el día. La disciplina sólo rige a las horas de comida y para recogerse”. Esto es un ejemplo de los cuidados y de las entretenciones que se prodigaban a los veteranos de guerra chilenos en esta institución dedicada a ellos.

En 1911 se formó otra entidad de carácter mutualista y asistencial denominada “Liga Patriótica Militar”, la cual incorporó tanto a militares, como marinos, así como a quienes pertenecieron a las guardias cívicas y movilizadas (y también a quienes sirvieron en los servicios anexos a estas instituciones castrenses). Su misión era procurar el bienestar de sus asociados, sus familias y sus descendientes. La creación de este organismo se debía a la falta de asistencia de parte del Estado chileno hacia los uniformados en general (incluyendo a los veteranos de la Guerra del Pacífico y de los últimos conflictos que debió enfrentar el país). Su constitución tuvo lugar el 2 de abril de 1911 y el día 8 del mismo mes apareció un inserto en la prensa informando esta noticia y señalando: “Si hasta hoy, dispersos y desavenidos, los servidores del Ejército y Armada en retiro, no hemos obtenido ni siquiera los beneficios que brinda la colectividad, congregados a la sombra de la Liga, nos ofreceremos apoyo mutuo y muchas penurias de la vida se verán endulzadas por el auxilio efectivo que nos prestaremos al calor de un compañerismo bien entendido y de la fraternidad que entre nosotros ha debido perdurar desde los campos de batalla, desde el cuartel y desde las cubiertas de nuestros buques, hasta estos días”.

Es efectivo que el Estado no hizo todo lo suficiente por procurar el mayor bienestar de los soldados y marinos del 79, y la ayuda más significativa se efectuó a través de una ley que en 1953 otorgó a los sobrevivientes un ascenso jerárquico de tres grados, lo que vino a incrementar significativamente sus pensiones. Pero poco tiempo las disfrutaron, pues a la fecha de la promulgación de la ley eran todos más que nonagenarios. ¿Qué el Presidente de entonces haya sido un General retirado, habrá sido sólo una coincidencia?

Lo anterior aparece muy evidente en un artículo de la prensa del mes de junio de 1910, en el cual se denuncia la ingratitud del país hacia sus veteranos: “A pesar de estas elementales y poderosas consideraciones, que debieran imponerse en todos los espíritus, los inválidos del 79, los que dejaron en la guerra una pierna, o un brazo, los que conquistaron el salitre, no han encontrado en Chile el amparo que a gritos se les prometió antes de las batallas. En cada ocasión en que se ha tratado de darles algún beneficio, algún alivio, una mayor ración de hambre, se levantan, por desgracia, voces que, con un pretexto o con otro, cruzan el camino al beneficio proyectado”. Más adelante, se señala: “Más de dos mil millones de pesos se han extraído del salitre, muchos de nuestros políticos dirigentes se han enriquecido fácilmente con él, el país entero ha vivido exento de contribuciones, merced a la renta del salitre y la mayor parte de los que la conquistaron viven en la miseria, porque nunca se les cumplió lo prometido”. Estas palabras dan cuenta de una situación económica nacional que no tenía correspondencia con las precarias condiciones de vida en que se hallaban los ex – combatientes de la Guerra del Pacífico.

En 1925, tres leyes que favorecían a los veteranos fueron derogadas por la junta de gobierno encabezada por el general Luis Altamirano, lo cual causó enojo en la sociedad chilena. Cuando se le pidió su opinión a un veterano respecto a esta medida respondió: “No hay sarcasmo mayor que suprimirnos nuestras pensiones, no ha habido una guerra en el mundo que haya producido más que esta del 79. Son incontables los millones que por conceptos del salitre han entrado al erario; miles de fortunas fraudulentas se han hecho, miles de negociados; el norte salitrero ha sido el paraíso de los audaces; y a nosotros, a los que lo conquistamos con las armas, defendiendo a Chile de una agresión traidora de dos naciones ingratas y mal intencionadas, nos dejan a ración de hambre. No hay dinero para nosotros que somos muy pocos y ya viejos, que exigiremos pocos años más”.

Uno de los veteranos de la Guerra del Pacífico más célebres fue el capitán Arturo Villarroel, quien fue conocido con el apodo de “el general Dinamita”, debido a su notable capacidad de descubrir y sortear las minas que el enemigo solía colocar en los campos de combate. Cuando arribó a Santiago, fue aclamado por las multitudes que se congregaron en las calles para recibir a los soldados chilenos que venían del norte. Sin embargo, sus últimos días fueron muy tristes. La prensa publicó: “En la semana pasada dejó de existir en Santiago este abnegado servidor de la patria. Vivió sus últimos días confundido con la miseria, triste como un paria y olvidado por todos hasta de muchos que se dijeron sus amigos. El audaz protagonista de tantos actos asombrosos de heroísmo, de tantas hazañas guerreras, de tantas proezas de caballerosidad, no tuvo en su prolongada agonía otros cuidados que los que le prodigaban las personas de su escasa familia. Su muerte hizo resucitar su historia y volver la vista hacia su humilde hogar, sumergido en el más amargo de los dolores. Inválido de la guerra del 79, este hombre extraordinario miraba con profundo pesar en torno suyo y contemplaba impotente como la carcoma del olvido iba allegándose a él, a aumentar la amargura con que el olvido inundó sus postreros días.”

Es de justicia resaltar los esfuerzos que muchos chilenos realizaron para mitigar las precarias condiciones en que vivieron cientos de veteranos. Entre ellos, destaca la figura de don Benjamín Vicuña Mackenna, quien, junto con ser un apasionado difusor de las glorias militares, fue uno de los primeros en defender la causa de los ex combatientes. También hubo numerosos sacerdotes, en su mayoría ex capellanes que sirvieron durante la guerra, que organizaron asilos y promovieron el auxilio a los viejos soldados; entre ellos figuran José Hipólito Salas, Ramón Ángel Jara y Ruperto Marchant Pereira. Dentro del mundo político destacan las figuras del parlamentario Malaquías Concha (quien fue un arduo defensor de la causa de los veteranos de guerra) y de Luis Aldunate (quien, como Ministro de Hacienda, expuso un proyecto de invalideces ante la Comisión de Defensa de la Cámara de Diputados). Entre los militares mismos, destacaron los ya mencionados Adolfo Silva Vergara, Carlos Meirelles, José María Barceló y Ramón Valdés Rozas; pero también hay otros personajes destacados que fueron veteranos y que solidarizaron con sus antiguos compañeros de armas, tales como Mateo Robles Burgos (veterano de la Armada y presidente del círculo de veteranos de Osorno), Enrique Phillips Hussen (veterano que ayudó a sus compañeros mediante la creación del “Hogar de Veteranos” en el año 1927 y que en 1913 ya había recibido un reconocimiento por la ayuda que prestaba a sus antiguos compañeros de armas) y Juan Segundo Meyerholz (veterano que ayudó laboralmente a sus compañeros de armas, dándoles trabajo en una fábrica de cerveza de la cual se había hecho cargo; esta tarea la realizó a través de la Sociedad “Defensores de Chile en 1879”, de la cual fue también uno de sus fundadores). Hubo también militares que colaboraron con el bienestar de los veteranos, advirtiendo acerca de su situación en la prensa nacional; aquí tenemos a Fabio Galdámez Lastra y el general Ramón Cañas Montalva.

El Ejército de Chile, como institución, fue un gran benefactor de los veteranos de guerra. De hecho, apoyó a los veteranos mediante una asignación contemplada en la Ordenanza General de 1901, para que aquellos pudieran adquirir ropa de cama y vestuario; también nombró a un oficial jefe para que administrara el “Círculo de Inválidos de Santiago” (de hecho, cada comandante general de Armas solía nombrar un oficial que se desempeñaba como autoridad administrativa para las sociedades de inválidos de las respectivas provincias). También el Ejército propició la entrega de pases gratuitos de los servicios de ferrocarriles y tranvías, como también de los biógrafos de Santiago y Valparaíso, para los veteranos de la Guerra del Pacífico. Por otro lado, hubo muchos oficiales y suboficiales que se mostraron interesados por los veteranos; por ejemplo, en el Regimiento de Infantería Nº1 “Buin” era común encontrar veteranos que se acercaban a la respectiva guardia para recibir una ración de comida, como también para recibir atención médica y dental de parte del médico, y del dentista de la misma unidad militar.

También la ayuda llegaba desde distintos sectores de la sociedad civil chilena. Por ejemplo, durante la década de 1930 algunos empresarios destinaban parte de sus ganancias para mejorar las condiciones de vida de los veteranos de la Guerra del Pacífico; tal fue el caso del diputado Ignacio Urrutia Manzano, quien donaba un porcentaje de las utilidades de algunos hipódromos para esta causa.

Un ejemplo de los cuidados que se les dieron a los últimos veteranos del 79 que todavía vivían a mediados del siglo XX, aparece en la prensa con motivo del fallecimiento de uno de los tres que para entonces iban quedando en el país: Pedro Pizarro Bustamante, quien estuvo en las filas del Regimiento Esmeralda 7º de Línea. La fuente señala: “Sus últimos años los pasó en el Cuartel General de Inválidos y Veteranos del 79, donde nunca le faltó nada. El deceso ocurrió el sábado de la semana pasada y los funerales se efectuaron el lunes. Una compañía de la Escuela Militar rindió los honores correspondientes, despidiendo los restos del mayor Pedro Pizarro a nombre del Ejército de Chile”. Más adelante, el articulista agregó: “La Patria reconoció sus servicios. Por ley fue ascendido a subteniente y más tarde a mayor, otorgándole una pensión de gracia que ascendía al sueldo de un oficial de esta clase en actividad. En el Cuartel de Inválidos y Veteranos del 79, que dirige el general Carlos Meirelles, Pizarro dejó recuerdos imborrables. Era dicharachero, bueno para las tallas y los chascarros. Pero desde hacía un año perdió la lucidez y sus facultades. Sus ojos, húmedos, delataban la sangre que corría por sus venas, sangre que el vertió generosamente en el árido desierto nortino. Pizarro no se casó nunca. La única visita que recibía era la de una anciana, a quien le decía «mamita». Pero el Ejército le proporcionaba de todo y hasta sus últimos momentos tuvo un médico a la cabecera”.

Hoy ya no quedan veteranos de guerra en Chile. Esto explica el hecho de que este aniversario haya pasado al olvido en nuestro país, mientras que la efeméride militar que está detrás de esta conmemoración tampoco es muy recordada por la mayor parte de la sociedad chilena. Precisamente, ese hecho constituye el motivo de este homenaje a los soldados que participaron en las batallas de Chorrillos y Miraflores, como también a todos aquellos que lucharon en la Guerra del Pacífico, y que también se extiende a los veteranos que participaron en las demás guerras y movilizaciones militares que tuvieron lugar tanto en el siglo XIX chileno, como en toda nuestra historia militar. A ellos les debemos la conformación del Chile actual; ellos nos legaron un territorio norteño rico en minerales que hasta hoy constituyen el sostén de la economía nacional, y del desarrollo y bienestar de toda una nación; también nos legaron unas regiones sureñas y australes ricas en recursos silvoagropecuarios, e hídricos (siendo estos últimos cada vez más cotizados a nivel mundial, debido al progresivo desarrollo demográfico y económico que tiene lugar en nuestro planeta). Muchos de ellos pagaron con su sangre este legado, mientras que otros volvieron al país y fueron olvidados por la sociedad chilena y sus autoridades, muriendo muchos de ellos en medio de la más extrema pobreza. También hacemos un homenaje a los veteranos de guerra peruanos y bolivianos, con quienes se luchó en la Guerra del Pacífico (incluyendo la Campaña de Lima), pero también en otras campañas del siglo XIX; ellos también defendieron sus respectivas banderas en forma noble y heroica y, al igual que en el caso de sus homólogos chilenos, muchos murieron en los combates (y después de estos), mientras que otros quedaron impedidos de por vida y fallecieron en la miseria.

Felizmente, durante el siglo XX nuestro país no experimentó guerras, pero sí movilizaciones militares. Sin embargo, lo anterior no debe hacernos perder de vista el esfuerzo llevado a cabo por quienes se movilizaron en esta última centuria y, sobre todo, por nuestros gloriosos ascendientes del siglo XIX, y de toda nuestra historia nacional y militar.

4 Comments

  1. Antonieta Rojas Gonzalez dice:

    cual es el numero de la ley que en 1926 instauró el día del veterano de la guerra del pacífico?

    • admin dice:

      Estimada Antonieta:
      Hemos respondido su consulta de manera más acabada a su correo. Esperamos que haya sido de utilidad y reiteramos nuestra invitación a nuestras oficinas para cuando guste.
      Quedamos atentos,
      Academia de Historia Militar.

  2. Miguel Farah dice:

    Estimados: tengo exactamente la misma duda que doña Antonieta. Agradeceré que me envíen la respuesta que le enviaron a mi propio correo.

    Gracias.

    • admin dice:

      Estimado Miguel:

      Conforme a lo solicitado, remitimos a su correo la información requerida, que esperamos sea de utilidad.

      Academia de Historia Militar.

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