Ascenso desde Caleta Ite
09/07/2018
La conquista de la paz. El concepto de guerra de san Agustín
14/09/2018

Por
Carolina Herbstaedt Manríquez.
El combate de Pachía, si bien se trató de un enfrentamiento menor al final de la Guerra del Pacífico tiene un trozo del corazón de la caballería chilena...

ALFÉREZ ENRIQUE STANGE Y EL COMBATE DE PACHÍA

POR

CAROLINA HERBSTAEDT MANRÍQUEZ

“TELEGRAMAS.

(Telegrama recibido de Tacna, el 12 de noviembre a las 8.20 pm.)

Tacna, Noviembre 11 de 1883.

Señor Presidente.

Pacheco Céspedes, con 400 hombres, atacó hoi 11 a las 6 A.M. a destacamento de Pachía: combate duró dos horas i fue rechazado, dejando en el campo dos capitanes muertos, cuarenta individuos de tropa i ochenta animales, mulares i caballares.

Huye hácia Calientes, i mayor Subercaseaux lo persigue con doscientos hombres mitad de infantería montada. Por nuestra parte lamentamos la pérdida del alférez Stange, dos soldados del Las Heras i 11 del Anjeles.

Heridos: el capitán Martinez Lopez, 18 de tropa del Anjeles i tres del Las Heras.

Estuve en Pachía, ordené lo conveniente. Se cuidan los enfermos.

Urrutia.” (1)

Una simple comunicación como la anterior se queda corta para describir en su totalidad las implicancias de un combate, pero en su espartana redacción, obligada por la urgencia de los sucesos y del contexto mismo de un telegrama, todo aquello que se calla pareciera ser una proclamación a toda voz de lo que se está informando.

El combate de Pachía, si bien se trató de un enfrentamiento menor al final de la Guerra del Pacífico, en la que se enfrentaron fuerzas chilenas y las montoneras aliadas dirigidas por el cubano coronel Juan Luis Pacheco Céspedes,(2) es singular, especial y tiene un trozo del corazón de la caballería chilena, y además está marcada por el paso a la inmortalidad de uno de sus héroes, quien fue abatido con sus mejores galas, en circunstancias en las que trataba de darle una oportunidad a sus compañeros de armas de defenderse y repeler un ataque que bien podría haber sido una repetición de los sucesos de Sangrar y de La Concepción.

Enrique Stange Aliste, alférez de caballería del escuadrón “Las Heras,” se convirtió de este modo en el héroe de la jornada, y además, es el último oficial del Ejército de Chile muerto en acción de armas durante la Guerra del Pacífico.

De carácter alegre e ingenioso, nació “el 17 de Octubre de 1857, hijo de Enrique Stange, alemán procedente de Kiel y de Isabel Aliste,”(3) esta última de nacionalidad chilena. Como muchos jóvenes de su generación, el joven Enrique dejó atrás una vida más o menos acomodada y se enroló voluntariamente en las filas del ejército al momento del estallido del conflicto con Perú y Bolivia, sentando plaza de soldado en el escuadrón “Maipú” el 5 de diciembre de 1879. “Seis días después de vestir el uniforme, saltando los grados de cabo 2º y cabo 1º, recibiría como una distinción el ascenso a sargento 2º. Con estos galones partió al norte el 24 de marzo de 1880.”(4)

Tras seguir una trayectoria similar a la seguida por muchos durante el transcurso de esta guerra, Enrique Stange se armó con un prestigio que le permitió acceder a distintos ascensos, a medida que expedicionaba con el ejército hacia el interior del desierto. Un año después de haber sido movilizado al norte, el 26 de abril de 1881, y por reconocimiento unánime de sus superiores y subalternos, le es otorgado el grado de sargento 1º(5) , y con eso, se le asignan responsabilidades más acordes a su nuevo puesto. “El 27 de septiembre de 1881, pasaba por sus méritos al escalafón de oficiales con el grado de alférez de caballería.”(6)

Su cita con el destino ocurrirá el 11 de noviembre de 1883, durante el combate de Pachía. Con el Tratado de Ancón firmado no hacía mucho,(7) y la capitulación de Arequipa(8) relativamente fresca, la situación entre las fuerzas expedicionarias chilenas y las peruanas distaban mucho de tranquilizarse. El departamento peruano de Moquegua se mantenía en ascuas debido al constante ir y venir de tropas chilenas y las montoneras de Pacheco Céspedes, quienes se hostilizaban constantemente. La situación llegaba a tal extremo que “a la salida de la División Velásquez para su campaña sobre Arequipa, sabemos que de todos los cuerpos quedó en Tacna una pequeña parte para asegurar la tranquilidad de esta población, y de los valles vecinos.”(9)

Mientras esto sucedía, a dieciocho kilómetros al noreste de la ciudad de Tacna, en la localidad de Pachía, y que por su ubicación como entrada a la serranía peruana la había señalado como una guarnición de seguridad avanzada, se encontraba el experimentado capitán graduado del Ejército de Línea don Matías López al mando de 143 hombres del batallón Los Ángeles. Hasta allí llegó el alférez Enrique Stange Aliste, al mando de nueve jinetes y un corneta, del escuadrón Las Heras, poniéndose a las órdenes del capitán López. En conjunto, sumaban un total de 154 personas. Allí, en Pachía, serían sorprendidos, sitiados y puestos a prueba en combate por las montoneras del cubano.

Pese a la intensa persecución por parte de las autoridades chilenas, Pacheco había estado merodeando los alrededores de Tacna dispuesto a dar un golpe a la ciudad. Debido a que las fuerzas chilenas se hallaban muy esparcidas por la zona, el cubano la creía desguarnecida, y por ende, fácil de tomar por asalto. No obstante, una vez informado de la situación de la ciudad, que estaba lejos de estar desprotegida, Pacheco decidió desviar su atención y la centró sobre el destacamento chileno que guarnecía Pachía, hasta donde llegó al amanecer del domingo 11. Aprovechando la densa camanchaca, sus montoneras rodearon el cuartel en total sigilo, sin que nadie, ni tan siquiera el centinela, a quien derribaron de un escopetazo, advirtiesen su presencia. “El plan era caer sobre el cuartel chileno, sin darle tiempo ni para tomar las armas,”(10) y no tardaron en llevarlo a cabo. Pronto setenta y ocho chilenos al interior del cuartel, ocupados en menesteres habituales, se vieron rodeados por no menos de 400 enemigos y hostilizados por fuego que les llegaba de todas partes. En palabras del capitán don Matías López, la situación era como sigue: “El enemigo nos había sorprendido dejándose caer por el lado de Calana i aprovechándose de la oscuridad de la noche i la camanchaca que hacía invisible los objetos aún a corta distancia, para tomar sus posiciones, que eran inmejorables. Al efecto, nos tenían rodeados por el poniente, Norte i Sur, dejando libre solo la parte del oriente en la estensión del camino público, pues detrás de las casas de ambos lados tenían diseminados sus soldados.”(11)

Pacheco Céspedes había logrado la sorpresa en toda regla y el capitán don Matías López tuvo que pensar rápido si no quería una nueva masacre de chilenos. Se cuenta que este oficial salió corriendo como pudo del cuartel, dando voces a Stange, quien se encontraba en un corralón cercano, de que cargara con su gente contra el enemigo, siendo herido en su pierna en su intento. El alférez, quien al momento de la sorpresa se estaba preparando para ir a misa, razón por la cual se encontraba con sus mejores galas, montó sobre su caballo, reunió a su gente y cargó contra el enemigo con todo el ímpetu, aun sabiendo que esta acción le costaría la vida. Quizás en forma lacónica, don Matías López nos cuenta al respecto: “En medio del combate, como nos estaba estrechando demasiado el enemigo, dispuse que el alférez Stange, del escuadrón Las Heras, diese una carga de caballería sobre el grupo mas cercano i que estaba hácia el lado Oeste, dando por resultado que se deshizo completamente dicho grupo, haciéndole varias bajas.”(12)

Tres fueron las cargas que acometió Stange a la cabeza de sus hombres, antes de ser abatido. Siendo herido de bala en un brazo en algún momento de la segunda carga mientras se abría paso a sablazos, llegó hasta la amagada puerta del cuartel prácticamente solo, pues sus hombres yacen muertos. Entonces se dispone a cargar a sablazos por tercera vez, dicen que sosteniendo las bridas de su caballo con los dientes, y cae muerto en este intento acribillado por fuego enemigo, pero habiéndole dado al capitán López tiempo suficiente como para sacar a su gente del encierro, organizarla y disponerla de manera tal que se pudiera defender del ataque del que era víctima, de manera más pareja. “Ya formalizado el fuego se hizo notoria la superioridad de los nuestros y se pronunció la retirada de los guerrilleros.”(13)

El combate de Pachía tuvo unas dos horas de duración, hasta que las tropas de infantería del mayor Francisco Subercaseaux Latorre, alertadas por el corneta que Stange había enviado por ayuda al principiar el combate, se dejaron sentir en el poblado. Pacheco Céspedes, una vez más, se dio a la fuga. Sin perder más tiempo, dicho mayor salió tras la pista del cubano.

La persecución que el mayor Subercaseaux y sus hombres emprendieron a partir de este momento, los sitúan en las cercanías de la localidad de Palca, en donde cruzaron un combate que le causó grandes bajas a Pacheco, aunque no lograron capturarle. Tuvieron que detener la persecución debido al cansancio de los caballos y la noche, solo para reanudarla a la mañana siguiente, guiándoles el rastro hasta Torata, en donde se supo que “Pacheco, seguido solo de 4 hombres, había huido a Bolivia. Con esto terminaron las actividades del guerrero en Tacna.”(14)

Al día siguiente del combate los restos del alférez Stange fueron enterrados en la ciudad de Tacna, recibiendo las debidas honras fúnebres en la Iglesia de San Ramón. Con el regreso de Tacna a Perú, los restos del mártir fueron trasladados hasta el cementerio de Arica en donde permanecieron hasta el 11 de noviembre de 1956, año en que fueron trasladados hasta el Cementerio General de Santiago de Chile, en donde descansan en el mausoleo antiguo del Ejército.(15)

“(Telegrama recibido de Tacna el 12 de noviembre a las 3.40 P.M.)

Señor Presidente:

Mayor Subercaseaux desde Palca, ayer, a las 8.30 P.M dice:

A las 4 P.M dí alcance al enemigo en Palca.

Se parapetó en desfiladero, pero lo desalojé con infantería, haciéndole muertos.

Seguí persiguiendo, haciendo otras treinta i tantas bajas, inclusive dos oficiales. Dispersión completa; armamento, municiones i muchos animales en nuestro poder.

Pacheco con 30 hombres sigue camino de Tarata i le perseguimos siete leguas, faltándonos los caballos; solo hemos tenido un herido.

He ordenado siga persecución i ocupación de Tarata para evitar reorganización.

Urrutia.”(16)

NOTAS AL PIE

1. Ahumada Moreno, Pascual. “Guerra del Pacífico. Recopilación completa de todos los documentos oficiales, correspondencias i demás publicaciones referentes a la guerra que ha dado a luz la prensa de Chile, Perú i Bolivia, conteniendo documentos inéditos de importancia. Tomos VII – VIII.” Imprenta i Lib. Americana de Federico T. Lathrop. Valparaíso, 1890. p. 454.

*NOTA* Se ha respetado la ortografía original del texto.

2. Sobrino de Carlos Manuel de Céspedes, autor del “Grito de Yara” del 10 de octubre de 1868 en pro de la independencia, se formó en la lucha por la libertad de Cuba en técnicas de guerrilla. Al declararse la Guerra del Pacífico, por los lazos de amistad que lo unían con el peruano Leoncio Prado, viajó al Perú para luchar por su causa, convirtiéndose al final de la guerra en el protector del sur peruano, gracias al accionar de sus guerrillas. En López Rubio, Sergio E. “Expedición Arequipa – Puno y Paz de Ancón.” Biblioteca del Oficial. Vol. LXIX – 1. Santiago, Chile. 1984. pp. 207 – 211.

3. Siebert Held, Bruno. “Militares de Ascendencia Germana en la Guerra del Pacífico.” En revista Anuario nº21, Academia de Historia Militar.

López Rubio, Sergio E. Op. Cit. p. 202

4. Ídem. p. 204.

5. Íbidem.

6. El Tratado de Ancón, conocido también como el Tratado de Paz y Amistad entre las repúblicas de Chile y del Perú, fue redactado en Ancón, pero suscrito en Lima el 20 de octubre de 1883, con un anexo que reglamentaría la forma en el que ejército de Chile debía manejarse hasta la desocupación de Perú. Bolivia no firmó este tratado. En Bulnes, Gonzalo. “Guerra del Pacífico. Tomo III. Ocupación del Perú – La Paz.” Sociedad Imprenta y Litografía Universo. Valparaíso, Chile, 1919. p.519.

8. El presidente Santa María había dispuesto que la ciudad de Arequipa fuese amagada por las fuerzas chilenas, para forzar la rendición de la ciudad y la caída del gobierno de Montero. Este asedio fue llevado a cabo por el coronel Velásquez, quien tras hostilizar seriamente las localidades de Huasacachi y Puquina, logró la rendición de la ciudad el 29 de octubre de 1883, por medio de la petición de su unicipio y el Cuerpo Consular. En Bulnes, Gonzalo. Op. Cit. p. 556.

9. Departamento de Publicaciones del Estado Mayor General del Ejército, Sección Historia. “La Campaña de Arequipa a través de la correspondencia del coronel don José Velásquez Bórquez, comandante en jefe de la expedición.” Biblioteca del Oficial Vol. XXIII. Santiago, Chile, 1949. p. 211.

10. Ídem. p. 212.

11. Ahumada Moreno. Op. Cit. p. 455.

12. Ahumada Moreno. Op. Cit. p. 455.

13. Departamento de Publicaciones del Estado Mayor General del Ejército, Sección Historia. Op. Cit. p. 213.

14. Departamento de Publicaciones del Estado Mayor General del Ejército, Sección Historia. Op. Cit. p. 213.

15. López Rubio. Op. Cit. p. 205.

16. Ahumada Moreno. Op. Cit. p. 454.

1 Comment

  1. Omar Pulgar S. dice:

    Permitame felicitarla Srta CAROLINA HERBSTAEDT MANRÍQUEZ, se agradece vuestra reseña, así mismo la información contenida en ella, mi tatarabuelo participo en esta acción de guerra, Batallón Cívico Movilizado Anjeles 2 compañía , poco hay de esa gesta, sabemos que no esta con laureles…sin embargo no se debe dejar en el olvido la arenga del alférez

    ” Ruego que Tu nos concedas tanto la victoria como el regreso; pero si ha de ser una cosa , ¡ Oh Dios ¡ ..Concédenos la Victoria Sola “.

    Nuevamente Felicitaciones.

    Omar Pulgar Seguel.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *