{"id":97,"date":"1818-04-05T11:18:04","date_gmt":"1818-04-05T11:18:04","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-06-14T14:34:06","modified_gmt":"2018-06-14T14:34:06","slug":"batalla-de-maipo-la-perspectiva-de-los-vecinos-de-santiago-y-concepcion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.academiahistoriamilitar.cl\/academia\/batalla-de-maipo-la-perspectiva-de-los-vecinos-de-santiago-y-concepcion\/","title":{"rendered":"BATALLA DE MAIPO: LA PERSPECTIVA DE LOS VECINOS DE SANTIAGO Y CONCEPCI\u00d3N"},"content":{"rendered":"<p>LA BATALLA DE MAIPO DESDE LA PERSPECTIVA DE LOS VECINOS DE SANTIAGO Y CONCEPCI\u00d3N<\/p>\n<p>05 de Abril de 1818<\/p>\n<p>Es muy com\u00fan advertir que en la bibliograf\u00eda relativa a la Historia Militar suela narrarse en forma completa y detallada lo que han sido las distintas acciones de guerra (tanto en Chile, como en Am\u00e9rica y en el mundo en general) desde el campo de batalla mismo. Aunque esto parezca algo muy tradicional, nunca dejar\u00e1 de tener valor, y siempre podr\u00e1 enriquecerse a medida que la investigaci\u00f3n historiogr\u00e1fica progrese y entregue nuevos antecedentes que antes se desconoc\u00edan.<\/p>\n<p>No obstante lo anterior, resulta muy interesante abordar los hechos militares desde otras perspectivas, siendo una de ellas el c\u00f3mo fueron percibidos por la sociedad civil de cada \u00e9poca (o, simplemente, de parte de quienes no eran uniformados, ya que la sociedad civil es m\u00e1s bien un fen\u00f3meno de los tiempos contempor\u00e1neos). En el caso de la historia militar chilena, la batalla de Maipo es muy conocida por el com\u00fan del p\u00fablico en el marco del campo de batalla (aqu\u00ed hay episodios emblem\u00e1ticos como la carga de Santiago Bueras, y el abrazo entre Bernardo O\u2019Higgins y Jos\u00e9 de San Mart\u00edn), pero no desde el punto de vista de los habitantes de Santiago y tambi\u00e9n de los residentes en Concepci\u00f3n. <\/p>\n<p>Es necesario recordar que dicha acci\u00f3n de guerra tuvo lugar en los llanos situados al sur de la capital, dentro de la cuenca de Santiago. Hac\u00eda poco que hab\u00eda tenido lugar el desastre de Cancha Rayada (19 de marzo de 1818), lo cual hizo que la gente temiera seriamente sobre el destino de la causa patriota. Despu\u00e9s de la batalla de Rancagua (octubre de 1814), vino el per\u00edodo de la reconquista espa\u00f1ola, que implic\u00f3 una serie de medidas represivas contra muchos chilenos, lo cual termin\u00f3 enajenando el apoyo local a la causa realista y alent\u00f3 la asistencia que la poblaci\u00f3n chilena dio al Ej\u00e9rcito de Los Andes, el cual hab\u00eda atravesado la cordillera desde Mendoza y librado la batalla de Chacabuco (febrero de 1817). De esta forma, el nuevo gobierno patriota de Bernardo O\u2019Higgins pudo establecerse en Santiago, en medio de las aclamaciones de los vecinos de la capital.<\/p>\n<p>Pero todav\u00eda quedaba la resistencia realista en el sur del pa\u00eds, lo cual hizo que las campa\u00f1as militares continuaran en esa regi\u00f3n por todo el a\u00f1o 1817. En ese contexto, en el mes de enero de 1818 se produjo un nuevo desembarco de tropas en el sur, comandadas por Mariano Osorio (el general espa\u00f1ol vencedor en la batalla de Rancagua), las cuales fueron avanzando hacia la zona central. Entonces se produjo el encuentro de Cancha Rayada, cuyo resultado aviv\u00f3 entre los vecinos patriotas el temor a nuevas represiones por parte de un segundo gobierno realista y la necesidad de tener que volver a emigrar.<\/p>\n<p>\u201cLa noticia de la derrota de Cancharrayada se supo a las treinta y seis horas en Santiago, siendo portador de ella el teniente Samaniego, quien anduvo ochenta leguas en tan corto espacio de tiempo. De tal magnitud pareci\u00f3 el suceso, tan improbable, que nadie quer\u00eda creerlo; m\u00e1s al d\u00eda siguiente lo confirm\u00f3 el teniente coronel Arcos, y tras \u00e9l una multitud de oficiales, a quienes el miedo persigui\u00f3 hasta la capital, y les hac\u00eda abultar las p\u00e9rdidas y los peligros. Un delirante terror se apoder\u00f3 de los habitantes, que temerosos y perplejos, ocultaron unos cuanto pose\u00edan de alg\u00fan valor, marcharon otros a sus haciendas y no falt\u00f3 quien atravesase las altas cordilleras, como \u00fanico medio de ponerse a salvo. Gran n\u00famero de familias se conden\u00f3 de nuevo al destierro, emprendiendo el camino de Mendoza, y a ello les movi\u00f3 la imprudente medida tomada por el director don Luis de la Cruz de enviar a dicho punto los caudales del Tesoro.(1) <\/p>\n<p>Desde el 1\u00ba de abril de 1818, los llanos de Maipo fueron siendo ocupados por ambos ej\u00e9rcitos contendientes (el patriota, comandado por Jos\u00e9 de San Mart\u00edn y el realista, bajo el mando de Mariano Osorio), lo cual era una aviso para los santiaguinos de que la batalla se declarar\u00eda en cualquier momento. Algunos pocos vecinos eran todav\u00eda partidarios de la causa realista, mientras que otros eran indiferentes respecto a la guerra; sin embargo, la inmensa mayor\u00eda de los habitantes de Santiago eran afectos a O\u2019Higgins, San Mart\u00edn y sus hombres. Pero todos estaban temerosos de los des\u00f3rdenes que podr\u00edan producirse en la ciudad si la batalla era ganada por los relistas y si ella era abandonada por las milicias que cuidaban de su orden interno. Todo esto aviv\u00f3 la piedad religiosa de los santiaguinos, lo cual se advirti\u00f3 por las plegarias y actos de devoci\u00f3n a los santos que hubo en muchas residencias capitalinas.<\/p>\n<p>El historiador chileno Diego Barros Arana describi\u00f3 en su monumental obra, la Historia General de Chile, el tenso ambiente en la capital y en el pa\u00eds:<\/p>\n<p>\u201cEl domingo 5 de abril de 1818 que iba a fijar para siempre los destinos de Chile, fue uno de esos hermosos d\u00edas de oto\u00f1o tan frecuentes en este clima y en esa estaci\u00f3n, en que un cielo claro, sin nubes y sin viento, y un sol esplendoroso pero no ardiente, dan a la naturaleza el aspecto de una placentera tranquilidad. Ese d\u00eda, sin embargo, reinaba en todo el territorio de Chile la m\u00e1s azarosa inquietud; y en Santiago, sobre todo, las gentes, esparcidas en las calles y plazas, esperaban por instantes o\u00edr el estampido del ca\u00f1\u00f3n que deb\u00eda anunciarles que se estaba decidiendo de una manera irrevocable la suerte de la patria.(2) <\/p>\n<p>En el mismo d\u00eda 5 de abril, Bernardo O\u2019Higgins sali\u00f3 de la capital poco antes del mediod\u00eda, al mando de cerca de mil hombres, principalmente milicianos, que no ten\u00edan mucha instrucci\u00f3n militar, pero que estaban muy animosos; a ellos se sumaron cerca de cien cadetes de la Academia Militar (la actual Escuela Militar), instituto que reci\u00e9n hab\u00eda cumplido un a\u00f1o de existencia. Avanz\u00f3 por las calles que conduc\u00edan hacia el sur, y fue siendo saludado con respeto y alegr\u00eda por las personas que se hallaban en las puertas de sus respectivas casas, esperando saber noticias acerca del desenlace de esta acci\u00f3n de guerra. En la ciudad se escuchaba el ruido producido por los ca\u00f1ones, lo cual daba cuenta de que la batalla estaba teniendo lugar. Para cuando O\u2019Higggins lleg\u00f3 al lugar mismo del combate, ya la batalla estaba decidida en favor de las tropas patriotas.<\/p>\n<p>En tanto, el ambiente en la capital segu\u00eda siendo tenso. La poblaci\u00f3n sab\u00eda que la batalla que se estaba librando al sur de la ciudad iba a ser decisiva para la causa independentista. En vista de un eventual triunfo de las armas realistas, algunas familias se recogieron en iglesias y monasterios, ya que estimaron que esos lugares estar\u00edan a salvo de los des\u00f3rdenes que podr\u00edan tener lugar. Los ca\u00f1ones no dejaban de hacerse sentir y muchas personas salieron de la capital, para acercarse al campo de batalla. Francisco Antonio Encina describe este ambiente de la siguiente forma:<\/p>\n<p>\u201cA esas mismas horas llegaba hasta los escasos transe\u00fantes el murmullo de las plegarias que desde los hogares sub\u00edan al cielo, rogando por el hermano, por el marido, por el padre o por el novio que estaba en el campo de batalla; y pidiendo al Se\u00f1or que librara a la ciudad del saqueo, del incendio y de la horrorosa devastaci\u00f3n que se representaba a las imaginaciones sobreexcitadas como corolarios de la derrota de San Mart\u00edn. Hombres y mujeres, movidos por la sencilla fe de la \u00e9poca, hac\u00edan mandas a los santos de su devoci\u00f3n.(3) <\/p>\n<p>El hecho de refugiarse en la piedad religiosa de parte de muchos vecinos de Santiago no debe extra\u00f1ar, ya que se est\u00e1 frente a una sociedad muy confesional. Se debe recordar que la \u00fanica religi\u00f3n permitida en Espa\u00f1a y sus dominios coloniales era la Cat\u00f3lica Apost\u00f3lica Romana, la cual ten\u00eda car\u00e1cter oficial y estaba unida al Estado espa\u00f1ol, el cual reclamaba para s\u00ed el Patronato sobre la Iglesia Cat\u00f3lica espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>Las primeras noticias que llegaron a Santiago fueron contradictorias, ya que unas daban cuentas de las ventajas obtenida por los patriotas, mientras otras informaban de los \u00e9xitos alcanzados por los realistas. Poco antes de las tres de la tarde fueron llegando las primeras nuevas acerca de la completa victoria patriota. Inmediatamente fueron echadas al vuelo las campanas de la urbe, mientras que sus habitantes recorr\u00edan sus calles disparando cohetes voladores y lanzando gritos de victoria. Al mismo tiempo, m\u00e1s personas, movidas por la curiosidad, acudieron al campo de batalla en gruesos grupos. El mismo Barros Arana narra lo siguiente:<\/p>\n<p>\u201cLa presencia de esa gente en el lugar que hab\u00eda sido teatro de la batalla, las manifestaciones de contento a que se entregaban, corriendo de un lado a otro para buscar a sus amigos o deudos entre los vencedores, y las muestras de entusiasmo y de alegr\u00eda de estos mismos, aumentaban extraordinariamente el desorden y la confusi\u00f3n que siempre se sigue a una victoria alcanzada despu\u00e9s de una lucha tenaz.(4) <\/p>\n<p>Bernardo O\u2019Higgins y Jos\u00e9 de San Mart\u00edn, ya como jefes militares vencedores, arribaron a la capital cerca de las nueve de la noche. La ciudad estaba completamente iluminada, mientras las campanas no paraban de sonar y las gentes aclamaban a las tropas victoriosas. Dice al respecto Claudio Gay:<\/p>\n<p>\u201cA las nueve de la noche entraron O\u2019Higgins y San Mart\u00edn en medio de las entusiastas aclamaciones de un pueblo, que del terror del p\u00e1nico, hab\u00eda pasado al delirio de la alegr\u00eda.(5) <\/p>\n<p>Los vecinos de la capital, especialmente las mujeres, cumplieron con una labor de asistencia para con los heridos despu\u00e9s de la batalla, lo que fueron llegando a los recintos m\u00e9dicos de Santiago:<\/p>\n<p>\u201cA esa misma hora, en la capital, la caridad de la mujer chilena empezaba su obra admirable. \u00abDespu\u00e9s de la batalla de Maip\u00fa \u2013 dice Millar \u2013 se\u00f1oras del rango m\u00e1s distinguido visitaron los hospitales, como una cosa natural y obligatoria. Cada una tom\u00f3 a su cuidado al n\u00famero que sus facultades le permit\u00edan; les administraban medicinas, les tra\u00edan refrescos y confortativos que ellas mismas preparaban en sus casas y todas procuraban endulzar sus padecimientos en tal forma, que parec\u00eda que cada uno de los patriotas heridos era su verdadero hermano.\u00bb (6) <\/p>\n<p>En el palacio de gobierno se concentraron los vecinos m\u00e1s destacados de la ciudad y numerosos funcionarios p\u00fablicos. Tambi\u00e9n se enviaron mensajeros fuera de la capital para comunicar la victoria patriota:<\/p>\n<p>\u201cEn la ma\u00f1ana siguiente, \u00e9ste era celebrada con grande entusiasmo en Valpara\u00edso, en Quillota, en Aconcagua y en Melipilla. En todos los pueblos fueron aquellos d\u00edas de fiestas p\u00fablicas, ardiente y placentera compensaci\u00f3n de las tribulaciones y alarmas que se hab\u00edan seguido al desastre de Cancharrayada.(7) <\/p>\n<p>Toda esta euforia tuvo una contraparte en la sure\u00f1a ciudad de Concepci\u00f3n, que en esta \u00e9poca era el centro militar de Chile. All\u00ed tambi\u00e9n se esperaban noticias del desenlace de la batalla decisiva que emprender\u00edan Osorio y sus hombres. Cabe se\u00f1alar que, en esos meses, buena parte de las autoridades y de los habitantes de aquella poblaci\u00f3n eran afectos a la causa realista.<\/p>\n<p>\u201cLa noticia de la sorpresa de Cancharrayada colm\u00f3 de alegr\u00eda a los realistas de Concepci\u00f3n. Cre\u00edan que Chile iba a volver a la dominaci\u00f3n del Rey de Espa\u00f1a, y la llegada de los ca\u00f1ones cogidos en la acci\u00f3n y enviados a Talcahuano, sirvi\u00f3 de motivo para celebrar el suceso con grandes regocijos p\u00fablicos. Algunos ingleses, reci\u00e9n llegados de Valpara\u00edso, opinaban que el gobierno ten\u00eda a\u00fan fuerza bastante para defenderse en Chile con gran probabilidad de buen \u00e9xito; pero la victoria de Cancharrayada hab\u00eda sido tan completa e inesperada y tal la dispersi\u00f3n de los patriotas, que les parec\u00eda poco menos que imposible que estos reorganizasen su ej\u00e9rcito.(8) <\/p>\n<p>Hacia el 25 de marzo de 1818 fueron llegando las noticias de la derrota patriota en Cancha Rayada, lo cual confirm\u00f3 a las autoridades de Concepci\u00f3n en su convicci\u00f3n de que la causa independentista estaba perdida en el territorio chileno.<\/p>\n<p>\u201cLas comunicaciones que siguieron llegando a aquella ciudad, confirmaban ampliamente la noticia del desastre sufrido por los patriotas; y las medidas que all\u00ed tomaban las autoridades estaban fundadas en la confianza absoluta de que todo el territorio de Chile quedar\u00eda sometido en pocos d\u00edas bajo la dependencia del rey de Espa\u00f1a.(9) <\/p>\n<p>Cuando todos estaban casi seguros de un desastre para las armas patriotas, comenzaron a circular rumores de una reconcentraci\u00f3n de los patriotas en Santiago, por lo cual podr\u00edan ellos podr\u00edan presentar una nueva batalla. Hacia el 12 de abril ya se hablaba en el sur de la derrota realista, lo cual se confirm\u00f3 con la llegada de Mariano Osorio junto a unos pocos subalternos. Esto caus\u00f3 estupor entre las autoridades y el vecindario. Estas personas avizoraron una \u00e9poca de persecuciones, venganzas y embargos de parte de los patriotas. Es necesario se\u00f1alar que estas personas y familias ya hab\u00edan abandonado la ciudad en el a\u00f1o anterior, al ser ella fue ocupada por los patriotas despu\u00e9s del triunfo de Chacabuco; cuando regresaron, hab\u00edan encontrado sus hogares destruidos y nuevamente ahora deb\u00edan hacer abandono de Concepci\u00f3n.<\/p>\n<p>De esta forma, el camino entre esta urbe y Talcahuano se vio lleno de familias, carruajes y animales de carga, con destino a dicho puerto y con el fin de cobijarse detr\u00e1s de sus fortificaciones. <\/p>\n<p>\u201cPor causa de tal afluencia de gente en Talcahuano, era dif\u00edcil hallar all\u00ed acomodo; y muchas familias que hab\u00edan conocido mejores d\u00edas, se dieron por contentas con poder ocupar un galp\u00f3n, un establo o un lugar cualquiera en que guarecerse del tiempo, que, por fortuna, no era muy inclemente.(10) <\/p>\n<p>Dice tambi\u00e9n al respecto Claudio Gay lo siguiente:<\/p>\n<p>\u201cLa noticia llen\u00f3 de espanto a los realistas, y sobre todo a los que estaban m\u00e1s comprometidos por su conducta con los patriotas. Los que habitaban en el interior se dieron prisa a refugiarse en el puerto de Talcahuano, \u00fanico asilo con que pod\u00edan contar; y al cabo de pocos d\u00edas todas las casas y ranchos mas malos estaban ocupados por multitud de familias, habiendo tenido que acampar muchas en las calles. Tanto tem\u00edan la venganza de sus enemigos que no les arredraba la estaci\u00f3n del invierno, muy lluviosa siempre en aquellos pa\u00edses.(11) <\/p>\n<p>Sin embargo, las fuerzas militares existentes no eran suficientes para defender toda la l\u00ednea fortificada, por lo cual Osorio orden\u00f3 que todos los buques se alistaran para internarse mar adentro al primer aviso y que se embarcaran todos los objetos de valor. <\/p>\n<p>Como se puede apreciar, las reacciones frente al desenlace de la batalla de Maipo que se dieron a lo largo del pa\u00eds fueron bastante contrapuestas, lo cual revela una zona central ya dominada por los patriotas y una zona sur predominantemente realista, y que se negaba a desligarse de la Monarqu\u00eda espa\u00f1ola. Lo \u00faltimo daba cuenta tambi\u00e9n de un proceso hist\u00f3rico que estaba en marcha (la independencia de Chile y de Hispanoam\u00e9rica) y que en ese momento se hallaba muy lejos de finalizar (en Chile la coyuntura b\u00e9lica s\u00f3lo termin\u00f3 en 1832, mientras que en el resto de la Am\u00e9rica espa\u00f1ola finaliz\u00f3 hacia 1825).<\/p>\n<p>Por<br \/>\nEduardo Arriagada Aljaro<br \/>\nHistoriador PUC.<br \/>\nAcademia de Historia Militar<\/p>\n<p>Notas al pie:<\/p>\n<p>1. Claudio Gay, Historia F\u00edsica y Pol\u00edtica de Chile. Historia. Tomo VI. Par\u00eds, Imprenta de E. Thunot y Compa\u00f1\u00eda, MDCCCLIV, p\u00e1ginas 261 y 262.<br \/>\n2. Diego Barros Arana, Historia General de Chile. Tomo XI. Santiago, Rafael Jover (Editor), 1890, p\u00e1gina 442.<br \/>\n3. Francisco Antonio Encina, Historia de Chile. Desde la prehistoria hasta 1891. Santiago, Editorial Nacimiento, Segunda edici\u00f3n, 1953, p\u00e1gina 516.<br \/>\n4. Diego Barros Arana, Historia General de Chile. Tomo XI. Santiago, Rafael Jover (Editor), 1890, p\u00e1gina 456.<br \/>\n5. Claudio Gay, Historia F\u00edsica y Pol\u00edtica de Chile. Historia. Tomo VI. Par\u00eds, Imprenta de E. Thunot y Compa\u00f1\u00eda, MDCCCLIV, p\u00e1gina 271.<br \/>\n6. Francisco Antonio Encina, Historia de Chile. Desde la prehistoria hasta 1891. Santiago, Editorial Nacimiento, Segunda edici\u00f3n, 1953, p\u00e1gina 527.<br \/>\n7. Diego Barros Arana, Historia General de Chile. Tomo XI. Santiago, Rafael Jover (Editor), 1890, p\u00e1gina 457.<br \/>\n8. Claudio Gay, Historia F\u00edsica y Pol\u00edtica de Chile. Historia. Tomo VI. Par\u00eds, Imprenta de E. Thunot y Compa\u00f1\u00eda, MDCCCLIV, p\u00e1gina 295.<br \/>\n9. Diego Barros Arana, Historia General de Chile. Tomo XI. Santiago, Rafael Jover (Editor), 1890, p\u00e1gina 463.<br \/>\n10. Diego Barros Arana, Historia General de Chile. Tomo XI. Santiago, Rafael Jover (Editor), 1890, p\u00e1gina 464.<br \/>\n11. Claudio Gay, Historia F\u00edsica y Pol\u00edtica de Chile. Historia. Tomo VI. Par\u00eds, Imprenta de E. Thunot y Compa\u00f1\u00eda, MDCCCLIV, p\u00e1gina 296.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA BATALLA DE MAIPO DESDE LA PERSPECTIVA DE LOS VECINOS DE SANTIAGO Y<span class=\"excerpt-hellip\"> [\u2026]<\/span><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[27],"class_list":["post-97","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-efemerides","tag-abril"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.academiahistoriamilitar.cl\/academia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/97","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.academiahistoriamilitar.cl\/academia\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.academiahistoriamilitar.cl\/academia\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.academiahistoriamilitar.cl\/academia\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.academiahistoriamilitar.cl\/academia\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=97"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.academiahistoriamilitar.cl\/academia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/97\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5240,"href":"https:\/\/www.academiahistoriamilitar.cl\/academia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/97\/revisions\/5240"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.academiahistoriamilitar.cl\/academia\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=97"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.academiahistoriamilitar.cl\/academia\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=97"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.academiahistoriamilitar.cl\/academia\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=97"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}