{"id":6026,"date":"1823-01-28T13:33:17","date_gmt":"1823-01-28T13:33:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.academiahistoriamilitar.cl\/academia\/?p=6026"},"modified":"2018-10-12T13:39:31","modified_gmt":"2018-10-12T13:39:31","slug":"abdicacion-de-ohiggins-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.academiahistoriamilitar.cl\/academia\/abdicacion-de-ohiggins-2\/","title":{"rendered":"ABDICACI\u00d3N DE O&#8217;HIGGINS"},"content":{"rendered":"<p>28 de enero de 1823.<\/p>\n<p>Corr\u00edan vientos revolucionarios en la joven rep\u00fablica. Tanto en el norte como en el sur\u00a0 se estaban soliviantando los \u00e1nimos y surgiendo diferentes caudillos dispuestos a derrocar al gobierno. Una guerra civil era inminente. O\u2019Higgins seguramente recib\u00eda estas noticias con templanza y una buena dosis de dolor y desconcierto. Si bien parec\u00eda haber tomado la decisi\u00f3n de abdicar el poder ya hac\u00eda unos d\u00edas, se reservaba hacer p\u00fablico tal acto tanto por temor a provocar a\u00fan m\u00e1s los \u00e1nimos y en el af\u00e1n de dejar el gobierno m\u00e1s o menos ordenado.<\/p>\n<p>La sociedad en general estaba agitada. Las reformas emprendidas por el Director Supremo, el autoritarismo y la p\u00e9rdida de privilegios ten\u00edan a los ciudadanos muy disconformes. Adem\u00e1s, aquellos j\u00f3venes que hab\u00edan crecido junto a la lucha por la independencia de nuestro pa\u00eds, se mostraban en extremo impacientes por ver aquellas medidas que debieron haberse concretado de manera natural con el cambio de r\u00e9gimen y exig\u00edan cambios inmediatos en el manejo del nuevo Estado.<\/p>\n<p>No hay que dejarse enga\u00f1ar, O\u2019Higgins era respetado por la \u00e9lite y los ciudadanos, pero su permanencia en el poder supon\u00eda un peligro para la tranquilidad. En palabras de Barros Arana \u201c<em>estimaban personalmente a O\u2019Higgins, reconoc\u00edan la importancia de sus servicios, respetaban las cualidades de su patriotismo y de su car\u00e1cter, y sin aprobar todos los actos de su gobierno, y a\u00fan condenando el excesivo autoritarismo de \u00e9ste, hab\u00edan llegado a convencerse de que su permanencia en el mando envolv\u00eda los mayores peligros para la tranquilidad p\u00fablica y para el bienestar y seguridad de la patria<\/em>.\u201d[1] Una guerra civil era una amenaza demasiado real, considerando el estado de las cosas, y la \u00fanica salida parec\u00eda ser la renuncia del Director Supremo.<\/p>\n<p>Aqu\u00e9l d\u00eda los ciudadanos m\u00e1s influyentes de Santiago, se reunieron en gran n\u00famero en la misma sala del edificio del Consulado en donde se celebrase la Primera Junta de Gobierno en 1810. Desde all\u00ed citaron a O\u2019Higgins en repetidas ocasiones durante el transcurso de ese d\u00eda, pero \u00e9l no aparec\u00eda. La resistencia a concurrir se deb\u00eda a la impresi\u00f3n que ten\u00eda O\u2019Higgins que en el Consulado no se hab\u00edan reunido personalidades importantes, sino ciudadanos que se estaban dejando llevar por las pasiones del momento. Su principal preocupaci\u00f3n del d\u00eda, y toda su concentraci\u00f3n, se hab\u00eda centrado en evitar que las tropas se sublevasen y tomaran control de la ciudad. Cuando finalmente hizo acto de presencia ante aquella asamblea, tom\u00f3 la testera y pregunt\u00f3 a qu\u00e9 se deb\u00eda esa reuni\u00f3n, recibiendo la respuesta de parte de don Mariano Ega\u00f1a, quien de acuerdo a Barros Arana, le dijo: \u201c<em>El pueblo, se\u00f1or, dijo, estima en todo su valor vuestros importantes servicios, y mira a V. E. al padre de la patria; pero vista la penosa situaci\u00f3n porque ella atraviesa, y los peligros de una guerra civil y de la anarqu\u00eda destructora que la amenaza, os pide respetuosamente que pong\u00e1is remedio a estos males dejando el alto cargo que hab\u00e9is ejercido<\/em>.\u201d[2]<\/p>\n<p>Se produjo un debate entonces, referido a la legitimidad de la asamblea para representar los intereses de toda la Rep\u00fablica, en el que intervinieron personalidades tales como Jos\u00e9 Miguel Infante, el mismo Ega\u00f1a y Fernando Err\u00e1zuriz, que abogaron por esta e insistieron en la necesidad de la renuncia que solicitaban, entre otras voces algo m\u00e1s agitadas e impacientes. Finalmente O\u2019Higgins tuvo que ceder y tras solicitar a la audiencia que designasen entre la concurrencia a los individuos m\u00e1s respetables, continu\u00f3 la reuni\u00f3n con ellos a puerta cerrada.<\/p>\n<p>Fue ante esta comisi\u00f3n ante la cu\u00e1l O\u2019Higgins prometi\u00f3 entregar el cargo ante la autoridad que ellos estimasen que podr\u00eda contener las pasiones del pueblo y mantener la paz. Se acord\u00f3 que el poder estar\u00eda en manos de una junta de gobierno compuesta por don Agust\u00edn Eyzaguirre, don Jos\u00e9 Miguel Infante y don Fernando Err\u00e1zuriz, quienes deb\u00edan reunir un congreso a la brevedad. Se aprob\u00f3 adem\u00e1s otra comisi\u00f3n conformada por Juan Ega\u00f1a, Bernardo Vera y Joaqu\u00edn Campino, que fijar\u00eda las atribuciones \u00a0y facultades del nuevo gobierno, que tendr\u00eda un plazo de seis meses para cumplir sus objetivos y calmar a las provincias.<\/p>\n<p>Se levantaron actas y fueron le\u00eddas en voz alta ante la audiencia en pleno, nuevamente reunida en el sal\u00f3n del Consulado, y ante la cu\u00e1l, tras tomar los juramentos de estilo a los integrantes de esta nueva junta, O\u2019Higgins se dirigi\u00f3 a esta: \u201c<em>Si no me ha sido dado, dijo, dejar consolidadas las nuevas instituciones de la Rep\u00fablica, tengo al menos la satisfacci\u00f3n de dejarla libre e independiente, respetada en el exterior y cubierta de gloria por sus armas victoriosas. Doy gracias al cielo por los favores que ha dispensado a mi gobierno, y le pido que proteja a los que hayan de sucederme<\/em>.\u201d[3] Barros Arana contin\u00faa el relato diciendo que O\u2019Higgins se quit\u00f3 la banda y la dej\u00f3 sobre una mesa, antes de continuar con su discurso, que sigui\u00f3 como se cita: \u201c<em>Ahora soy un simple ciudadano. En el curso de mi gobierno, que he ejercido con una grande amplitud de autoridad, he podido cometer fallas, pero creedme que ellas habr\u00e1n sido el resultado de las dif\u00edciles circunstancias en que me toc\u00f3 gobernar y no el desahogo de malas pasiones. Estoy dispuesto a contestar todas las acusaciones que se me hagan; y si esas faltas han causado desgracias que no pueden purgarse mas que con mi sangre, tomad de mi la venganza que quer\u00e1is. Aqu\u00ed est\u00e1 mi pecho<\/em>.\u201d[4]<\/p>\n<p>La escena que sigui\u00f3 a este discurso fue la del Director Supremo abri\u00e9ndose la casaca con fuerza y exponiendo su pecho. La concurrencia, quiz\u00e1s conmovida por los dichos de O\u2019Higgins, respondi\u00f3 el gesto con v\u00edtores de aprecio y muestras de cari\u00f1o a la autoridad saliente, quien, al considerar que su presencia ya no era necesaria, se despidi\u00f3 y se retir\u00f3 del lugar.<\/p>\n<p>De este modo, terminaba el gobierno O\u2019Higgins, quien prefiri\u00f3 abdicar al poder, antes de sumergir al pa\u00eds en un ba\u00f1o de sangre innecesario. Sin embargo la anhelada paz que se esperaba obtener con la partida del Director Supremo no lleg\u00f3 en lo inmediato. Se dio inicio de este modo a un periodo de anarqu\u00eda en la cu\u00e1l la naciente rep\u00fablica deb\u00eda sortear de la mejor manera posible para poder consolidarse como pa\u00eds.<\/p>\n<p>Por<br \/>\nCarolina A. Herbstaedt M.<br \/>\nLic. en Historia UAI<br \/>\n<strong>Academia de Historia Militar<\/strong><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>NOTAS AL PIE<\/strong><\/p>\n<ol>\n<li>Barros Arana, Diego. \u201cHISTORIA JENERAL DE CHILE. TOMO XIII\u201d, Rafael Jover Editor. Santiago 1894. p. 818<\/li>\n<li>\u00cddem. p. 828<\/li>\n<li>\u00cddem. p. 831.<\/li>\n<li>\u00cddem.<\/li>\n<\/ol>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>28 de enero de 1823. Corr\u00edan vientos revolucionarios en la joven rep\u00fablica. 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