{"id":4140,"date":"1879-05-21T16:10:32","date_gmt":"1879-05-21T16:10:32","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-06-19T15:32:02","modified_gmt":"2018-06-19T15:32:02","slug":"recuerdos-del-combate-naval-de-iquique-21-de-mayo-de-1879","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.academiahistoriamilitar.cl\/academia\/recuerdos-del-combate-naval-de-iquique-21-de-mayo-de-1879\/","title":{"rendered":"RECUERDOS DEL COMBATE NAVAL DE IQUIQUE. 21 DE MAYO DE 1879"},"content":{"rendered":"<p>Por<br \/>\nContralmirante Arturo E. Wilson.<br \/>\nDedicado a mi hija Carmen Wilson de Merino<\/p>\n<p>Para cumplir con los deseos de complacer a nuestro distinguido amigo don Agust\u00edn Edwards, quien te manifest\u00f3 apreciar\u00eda mucho poseer una relaci\u00f3n personal m\u00eda de aquella memorable acci\u00f3n naval, hab\u00eda escrito una relaci\u00f3n hist\u00f3rica de ella, pero pensando mejor, creo que ya hay bastante escrito y dicho en esta forma, as\u00ed, pues, paso ahora a cumplir lo que me pides, en estilo epistolar, de lo que fue mi actuaci\u00f3n como oficial a bordo de la \u201cEsmeralda\u201d y las impresiones que tengo, seg\u00fan mis recuerdos.<\/p>\n<p>Declarada la guerra a las rep\u00fablicas del Per\u00fa y Bolivia, el 5 de abril de 1879, la escuadra de Chile estableci\u00f3 el bloqueo del puerto de Iquique. Esta resoluci\u00f3n de nuestro gobierno se realiz\u00f3 en circunstancias algo precipitadas para nuestras fuerzas combatientes, tanto en mar como en tierra, pues por razones econ\u00f3micas, la preparaci\u00f3n de ellas para la guerra hab\u00eda sido completamente descuidada, y fue necesario organizar toda apresuradamente, como prioridad.<\/p>\n<p>As\u00ed fue que se adquiri\u00f3 nuevamente la corbeta \u201cAbtao\u201d, a un precio mucho mayor del que se obtuvo en su enajenaci\u00f3n; se procedi\u00f3 a armar la goleta \u201cCovadonga\u201d, que se encontraba en completo desarme en Valpara\u00edso, y asimismo a preparar como transportes los vapores nacionales de la marina mercante.<\/p>\n<p>Con este motivo, se llam\u00f3 al servicio a los ciudadanos que estaban en estado de tomar armas, y yo, que me encontraba retirado del servicio como guardia marina examinado, con seis a\u00f1os de servicio, de los cuales ten\u00eda m\u00e1s de tres embarcado, fui reincorporado.<\/p>\n<p>Al presentarme a la Comandancia General de Marina me encontr\u00e9 con el capit\u00e1n de fragata don Arturo Prat, quien, al verme me dijo: \u201cHe tenido el gusto de ver su reincorporaci\u00f3n a la Armada, y voy a pedirle su embarco en la \u201cCovadonga\u201d, de la cual he sido nombrado Comandante\u201d.<\/p>\n<p>Agradecer\u00e9 muy sinceramente esta distinci\u00f3n de aquel cumplid\u00edsimo jefe, con quien ya hab\u00eda servido a bordo de la corbeta \u201cO\u2019Higgins\u201d, siendo el Segundo Comandante y oficial del detall. Momentos despu\u00e9s me encontr\u00e9 con el Comandante don Carlos Condell, que hab\u00eda sido nombrado Comandante de la \u201cAbtao\u201d, quien al saber que hab\u00eda sido embarcado en la \u201cCovadonga\u201d, me dijo: \u201cLo siento, pues pensaba pedir su embarco en mi buque\u201d, agreg\u00e1ndome: \u201cM\u00e1s c\u00f3modo habr\u00eda sido en la \u201cAbtao\u201d, que en un barco tan chico como la \u201cCovadonga\u201d.<\/p>\n<p>Dos d\u00edas despu\u00e9s recib\u00ed la orden de embarco en la \u201cCovadonga\u201d, y al presentarme a bordo, junto con el Comandante Prat, \u00e9ramos los \u00fanicos oficiales con que contaba el buque, para ir recibiendo la tripulaci\u00f3n, pertrechos, consumos, p\u00f3lvora y municiones, v\u00edveres, etc., y luego organizar los servicios a medida que iban llegando tanto el personal como el material. Pocos d\u00edas m\u00e1s tarde se incorporaron al buque los tenientes Ignacio Serrano y Estanislao Lynch, el guardia marina M. Sanz, Cirujano Videla, ingeniero primero Cuevas y otros que no recuerdo.<\/p>\n<p>Una vez listos los dos buques \u201cCovadonga\u201d y \u201cAbtao\u201d, zarpamos en convoy, con destino a Iquique, adonde arribamos sin novedad, el 15 de mayo al amanecer, despu\u00e9s de cinco d\u00edas de navegaci\u00f3n, para ponernos a las \u00f3rdenes del Comandante en jefe de la escuadra bloqueadora, contraalmirante don Juan Williams Rebolledo, traslad\u00e1ndose inmediatamente despu\u00e9s de izar la bandera el Comandante al buque insignia, quien regres\u00f3 a bordo en la tarde, comunicando la noticia de varios cambios de comandantes de los buques. As\u00ed, el Comandante Prat transbordaba, para tomar el mando de la \u201cEsmeralda\u201d, el Comandante Thompson de esta corbeta, al mando de la \u201cAbtao\u201d, y a su vez el Comandante Condell tomaba el mando de la \u201cCovadonga\u201d.<\/p>\n<p>Al transbordarse el capit\u00e1n Thompson al \u201cAbtao\u201d, pidi\u00f3 lo acompa\u00f1aran el Teniente Primero E. Valverde, oficial del detall de la \u201cEsmeralda\u201d, y el cirujano se\u00f1or O\u2019Ryan, y en su reemplazo quedaron el Teniente Uribe como oficial del detall, y el cirujano don Francisco Cornelio Guzm\u00e1n.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, el Comandante pidi\u00f3, para completar la dotaci\u00f3n de oficiales de la \u201cEsmeralda\u201d, el transbordo del Teniente Ignacio Serrano y el m\u00edo, y, en reemplazo del Teniente Serrano, transbord\u00f3 a la \u201cCovadonga\u201d al Teniente primero don Joaqu\u00edn Orella. Estos transbordos se llevaron a efecto en la tarde del d\u00eda siguiente.<\/p>\n<p>Como las actividades de la escuadra peruana no se hab\u00edan hecho sentir, fuera de una escaramuza efectuada por las corbetas \u201cUni\u00f3n\u201d y \u201cPilcomayo\u201d, frente a Punta Chipana, intentando cortar el paso a nuestra ca\u00f1onera \u201cMagallanes\u201d, sin conseguirlo, el almirante Williams hab\u00eda preparado un plan de ataque a la escuadra enemiga, yendo a buscarla en su propio refugio en el Puerto de Callao, y s\u00f3lo esperaba el arribo del \u201cAbtao\u201d y \u201cCovadonga\u201d para proceder a su realizaci\u00f3n, y as\u00ed fue que, tan pronto pudo disponer de estas naves, imparti\u00f3 las \u00f3rdenes del caso.<\/p>\n<p>En la tarde del d\u00eda 17, el se\u00f1or Almirante reuni\u00f3 a su bordo a los comandantes de las naves a sus \u00f3rdenes, y se estudi\u00f3 el plan de operaciones que deb\u00eda desarrollar la Escuadra, quedando todo hasta cerca de media noche, retir\u00e1ndose entonces, a sus respectivos buques. Al despedirse el Comandante Prat del almirante Williams, \u00e9ste le dice en tono jovial. \u201cBueno Comandante, y si lo sorprende el \u201cHu\u00e1scar\u201d, \u00bfqu\u00e9 va a hacer Ud.? A lo que le respondi\u00f3 Prat: \u201c\u00a1Almirante, lo abordo!\u201d. Este incidente se lo o\u00ed referir al propio almirante Williams, en el discurso que pronunci\u00f3 al inaugurarse el monumento a la Marina, en Valpara\u00edso unos pocos a\u00f1os m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente al amanecer, la escuadra bloqueadora, hab\u00eda desaparecido, quedando en ella s\u00f3lo la \u201cEsmeralda\u201d y la \u201cCovadonga\u201d, sosteniendo el bloqueo; el transporte carbonero \u201cLamar\u201d, y adem\u00e1s permanec\u00eda tambi\u00e9n, fondeada la ca\u00f1onera de S. M. B. \u201cTurquoise\u201d.<\/p>\n<p>Esa misma ma\u00f1ana se present\u00f3 tambi\u00e9n a bordo de la \u201cEsmeralda\u201d, el ingeniero civil don J. Agust\u00edn Cabrera\u201d, solicitando al Comandante Prat lo recibiera a bordo de su buque, pues estaba por regresar al sur en el pr\u00f3ximo vapor de la carrera. Este se\u00f1or hab\u00eda venido enviado por la direcci\u00f3n de Tel\u00e9grafos del Estado, para unir el cable submarino, que cort\u00f3 la Escuadra al establecer el bloqueo de puerto, sin traer elemento alguno para ello, y contando con que todo se le proporcionar\u00eda en la Escuadra, pero como en ella se carec\u00eda en absoluto de estos elementos, su viaje result\u00f3 in\u00fatil.<\/p>\n<p>Mientras tanto, a bordo, los oficiales recientemente transbordados se ocupaban en recibirse de sus respectivos cargos. El Teniente Serrano se recib\u00eda del cargo del artillero, y yo, del cargo del piloto. Con este motivo, el Comandante Prat crey\u00f3 oportuno aprovechar los conocimientos de electricidad del se\u00f1or Cabrera, ya que se efectuaba la entrega del cargo del artillero, estando casi toda la secci\u00f3n torpedo y minas en cubierta.<\/p>\n<p>En efecto, luego se vio que toda la existencia de este material era tan reducida que lo m\u00e1s importante de que pod\u00eda disponerse eran un par de llaves Mac Evoy, para estallar minas submarinas, y, con el objeto de probar su eficiencia se conect\u00f3 una de ellas a un par de elementos Leclanch\u00e9, luego se ech\u00f3 un saquete de carga de ca\u00f1\u00f3n dentro de un tarro vac\u00edo, el que amarrado a un botal\u00f3n con sus respectivos estalladores y alambres conductores, se ech\u00f3 al agua por la popa. Al apretar el bot\u00f3n de la llave Mac Evoy, el tarro estall\u00f3, levantando una columna de agua que se elev\u00f3 hasta m\u00e1s arriba de la toldilla.<\/p>\n<p>La conmoci\u00f3n que produjo llam\u00f3 la atenci\u00f3n de los habitantes de tierra, especialmente de parte de era natural, esperaban cu\u00e1nto hac\u00edan las naves bloqueadoras. Seg\u00fan supimos despu\u00e9s, \u00e9stas autoridades estimaron que la explosi\u00f3n era debida a alg\u00fan accidente casual, estallando alguna mina submarina, que se hab\u00edan colocado para nuestra defensa en el fondeadero. Tal idea parece fue admitida como cierta, seg\u00fan pudo verse despu\u00e9s, con ocasi\u00f3n del combate del d\u00eda 21.<\/p>\n<p>El d\u00eda 20 por la ma\u00f1ana lleg\u00f3 al puerto el vapor de la carrera llevando la correspondencia de Chile para la Escuadra, la cual fue conducida a bordo por la embarcaci\u00f3n que fue a recibirlo, y en la tarde abandonaba el fondeadero la ca\u00f1onera inglesa, que por varios d\u00edas permanec\u00eda sin novedad.<\/p>\n<p>EL COMBATE DEL DIA 21.<\/p>\n<p>Amaneci\u00f3 el d\u00eda 21 con mar en calma y de aspecto un tanto brumoso. La \u201cEsmeralda\u201d, en su fondeadero acostumbrado sobre un anclote, lista para levarlo y ponerse en movimiento; el \u201cLamar\u201d un poco m\u00e1s afuera, cerca de la isleta del Faro, y la \u201cCovadonga\u201d montando la guardia en la boca del puerto.<\/p>\n<p>Ser\u00edan como las siete de la ma\u00f1ana cuando el vig\u00eda de la cofa de trinquete anunci\u00f3 \u201chumos hacia el norte\u201d. Se dio aviso al Comandante, quien no tard\u00f3 en subir a cubierta; al mismo tiempo se avis\u00f3 al oficial entrante de guardia, que lo era yo, a las 8 hora en que relev\u00e9 al Teniente Uribe, y los tres con el Comandante, escudri\u00f1amos el horizonte, tratando de distinguir qu\u00e9 barcos ser\u00edan. El Comandante Prat crey\u00f3, primeramente, que ser\u00eda parte de nuestra Escuadra, que regresaba de su expedici\u00f3n al norte, pero poco despu\u00e9s se vio que s\u00f3lo eran dos los buques y el Teniente Uribe fue el primero en distinguir a uno de ellos, diciendo: \u201cUno de los buques es el \u201cHu\u00e1scar\u201d. El Comandante lo interroga: \u201c\u00bfen qu\u00e9 lo conoces?; a lo que Uribe le contesta; \u201cEn el tr\u00edpode del palo de trinquete\u201d.<\/p>\n<p>El Comandante dirige su anteojo, y reconoce igualmente, al Hu\u00e1scar. Inmediatamente, y con cierta emoci\u00f3n, me ordena: Haga tocar zafarrancho general de combate, avise a los oficiales que el enemigo est\u00e1 a la vista y pregunte a la \u201cCovadonga\u201d si ha almorzado la gente\u201d. En seguida baj\u00f3 a su c\u00e1mara\u201d.<\/p>\n<p>El \u201cLamar\u201d, al reconocer las naves enemigas, aviva sus fogones, para escapar al sur. Este fue un momento emocionante para todo el personal del buque. La tranquilidad con que hab\u00edamos estado esperando el regreso de la Escuadra, cubierta de gloria, se transformaba en s\u00fabito combate, a todas luces sin la menor esperanza de salvaci\u00f3n. Sin embargo, todo el mundo se apresur\u00f3, silenciosamente, a acudir a sus respectivos puestos.<\/p>\n<p>Luego el Comandante subi\u00f3 a la toldilla, llevando la correspondencia para la Escuadra, e imponi\u00e9ndose ligeramente de ella, orden\u00f3 al contador Go\u00f1i echarla a un saco junto con una bala y arrojarla al mar. Mientras tanto Prat hab\u00eda sacado su cartera y meti\u00f3 en ella dos retratos de su es posa e hijos. El Comandante ordena poner se\u00f1ales a la \u201cCovadonga\u201d de seguir mis aguas y venir al habla, la que a su vez izaba se\u00f1ales de \u201cEnemigo a la Vista\u201d.<\/p>\n<p>Luego dirigi\u00e9ndose a la tripulaci\u00f3n les dice: \u201cMuchachos la contienda en desigual; nunca hemos arriado la bandera ante el enemigo y espero pues, \u00e9sta no ser\u00e1 la ocasi\u00f3n de hacerlo. Mientras yo viva, esa bandera flamear\u00e1 en su lugar, y os aseguro que, si muero, mis oficiales sabr\u00e1n cumplir con su deber\u201d. Al pasar por nuestro costado la \u201cCovadonga\u201d el capit\u00e1n Prat le ordena interponerse entre la poblaci\u00f3n y los fuegos del enemigo, a lo que el Comandante Condell contest\u00f3, alegremente: \u201cAll right\u201d.<\/p>\n<p>En este momento se recibi\u00f3 el primer disparo de intimaci\u00f3n, cayendo el proyectil justamente entre las dos naves chilenas. Las tripulaciones de estas dos lanzan, en seguida, un sonoro \u201c\u00a1Viva Chile!\u201d. Al moverse al \u201cEsmeralda\u201d. Para tomar su posici\u00f3n entre el enemigo y la poblaci\u00f3n, fallo una de las calderas, vaciando su agua en la sentina, con lo cual el andar qued\u00f3 gravemente reducido.<\/p>\n<p>La \u201cCovadonga\u201d sigui\u00f3 movi\u00e9ndose hacia fuera de la bah\u00eda pegada a la isleta del Faro y, al doblar las rompientes exteriores de ella el \u201cHu\u00e1scar\u201d, que sin duda comprendi\u00f3 sus intenciones iz\u00f3 se\u00f1ales, e inmediatamente se vio separarse a la \u201cIndependencia\u201d d\u00e1ndole caza como a las 8;30 A. M., haci\u00e9ndose as\u00ed la acci\u00f3n general, pero dividida en dos combates singulares: en la bah\u00eda quedaba el \u201cHu\u00e1scar\u201d atacando a la \u201cEsmeralda\u201d, y fuera, en el mar, la \u201cCovadonga\u201d navegando cerca de costa con rumbo al sur, perseguida por la \u201cIndependencia\u201d.<\/p>\n<p>Cuando el Comandante Prat vio doblar la punta exterior de la isleta a la Covadonga le o\u00ed exclamar \u00bfQu\u00e9 hace la Covadonga?. Pues me encontraba a su lado como su ayudante y hab\u00eda bajado de la cofa desde que el Hu\u00e1scar estrech\u00f3 la distancia a unos 600 metros acerc\u00e1ndose a la isleta. Fue entonces, tambi\u00e9n, cuando se vio aparecer, atravesando la restinga de rocas llamadas Patilliguaje, que destaca hacia la poblaci\u00f3n la isleta el Faro (llamada ahora Serrano), una chalupa a todo remo, que se dirig\u00eda a bordo del Hu\u00e1scar, a cuyo costado atrac\u00f3, a pesar del fuego que le hicimos desde las cofas, tanto de ca\u00f1\u00f3n como de fusiler\u00eda.<\/p>\n<p>Seg\u00fan se supo despu\u00e9s, en la chalupa iba el capit\u00e1n del puerto de Iquique qui\u00e9n llevaba la comisi\u00f3n de prevenir al Comandante Grau que no se acercara a la Esmeralda, en la posici\u00f3n que ten\u00eda pues cre\u00eda estaba rodeada de minas fondeadas, por cuanto dos d\u00edas antes se hab\u00eda visto estallar una que sinti\u00f3 toda la poblaci\u00f3n; pero que, tan luego como llegaran una bater\u00edas de artiller\u00eda de campa\u00f1a que se hab\u00eda ordenado bajaran del Molle, se le obligar\u00eda a moverse, y as\u00ed ser\u00eda m\u00e1s seguro el ataque al espol\u00f3n. Efectivamente la ventajosa posici\u00f3n que hab\u00edamos tomado tuvimos que abandonarla al recibir el fuego que se nos hac\u00eda desde la playa, que nos iba causando m\u00e1s bajas que el fuego del \u201cHu\u00e1scar\u201d, a la distancia. S\u00f3lo un tiro atraves\u00f3 de parte a parte a la \u201cEsmeralda\u201d, causando un principio de incendio, que pronto fue sofocado.<\/p>\n<p>Al moverse la Esmeralda, se rompi\u00f3 otra caldera: tal era el estado de estos generadores de vapor. No tard\u00f3 entonces al \u201cHu\u00e1scar\u201d, al ver el poco efecto de sus ca\u00f1ones, en aprovechar la nueva colocaci\u00f3n de enemigo, para embestirlo al espol\u00f3n. El Comandante, al ver este movimiento, toca para fuerza a la m\u00e1quina y me ordena: Corra y d\u00edgale a Hyatt que le d\u00e9 todo el andar que pueda a la m\u00e1quina y que el \u201cHu\u00e1scar se nos viene encima\u201d.<\/p>\n<p>Baj\u00e9, pues, corriendo al entrepuente hasta la escotilla de la m\u00e1quina y grit\u00e9 al ingeniero primero la orden del Comandante quien mostr\u00e1ndome el agua que llegaba hasta las plantas del piso del sal\u00f3n de m\u00e1quinas, me dice: \u201cHaremos lo posible; pero mire Ud., c\u00f3mo estamos con la rotura de las calderas\u201d. Apenas acaba de decir esto, cuando se sinti\u00f3 el choque del \u201cHu\u00e1scar\u201d contra nuestro costado de babor.<\/p>\n<p>Al regresar a cubierta, pasando por el hospital de sangre en la sala de armas, vi que era tal la destrucci\u00f3n ocasionada por las balas del enemigo, que nos hab\u00eda disparado a toca penoles juntamente con el espolonazo, que no es cosa f\u00e1cil llegar a la escotilla de subida, a cubierta, donde encontr\u00e9 al doctor Guzm\u00e1n, qui\u00e9n sub\u00eda tambi\u00e9n para pedir autorizaci\u00f3n al Comandante para darles un t\u00f3xico calmante a los heridos de gravedad, a fin de evitarles mayores padecimientos.<\/p>\n<p>Al llegar a la toldilla hab\u00edan transcurrido ya algunos minutos, desde que baj\u00e9 a cumplir la orden del Comandante Prat. Y no fue poca mi extra\u00f1eza al encontrar ah\u00ed al Teniente Uribe, quien, luego me impuso de que estando en su puesto sobre el castillo de proa, al retirarse el \u201cHu\u00e1scar\u201d de nuestro costado, despu\u00e9s del espolonazo, vio con gran sorpresa caer al Comandante espada en mano cerca de la torre del Hu\u00e1scar, vini\u00e9ndose en seguida a popa para tomar el comando del buque; y en vista de lo sucedido de acuerdo con los tenientes S\u00e1nchez y Serrano, de que el combate continuar\u00eda, como lo deseaba el Comandante Prat, para lo cual el Teniente Serrano organizar\u00eda su divisi\u00f3n de abordaje, para saltar sobre el castillo del monitor, si volv\u00eda a atacarnos con su espol\u00f3n.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 hab\u00eda sucedido durante el tiempo que escap\u00e9 en cumplir la orden del Comandante para el ingeniero primero: El Comandante gobern\u00f3 para caer con la proa hacia el \u201cHu\u00e1scar\u201d pero a causa del poco andar, el buque no obedeci\u00f3 con la rapidez requerida, produci\u00e9ndose, entonces, el choque contra el costado de babor, frente al palo mesana, en la forma que indica el dise\u00f1o adjunto; esto es, chocando la roda del Hu\u00e1scar contra el costado de la \u201cEsmeralda\u201d; pero, no alcanzando a herir los fondos con el espol\u00f3n, a causa de la forma entrante que en esa parte tiene la obra viva de todo buque.<\/p>\n<p>El Comandante Prat, al ver a sus pies la cubierta del castillo de sus enemigo, dio la orden de abordarlo, lanz\u00e1ndose \u00e9l mismo a la cabeza de su gente; pero el corneta no alcanz\u00f3 a tocar la llamada por haber sido herido de muerte y de los que oyeron la orden verbal s\u00f3lo alcanzo a seguirlo el Sargento Aldea que hac\u00eda la guardia a la bandera; al fue la rapidez con que el Hu\u00e1scar pudo separarse del costado de la corbeta.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 inspiraci\u00f3n o impulso indujo al Comandante Prat al lanzarse al abordaje, en circunstancias en que se produc\u00eda todo el fragor del combate por los fuegos de uno y otro buque, y, por lo tanto iba a buscar una muerte segura? S\u00f3lo vine a entenderlo algunos a\u00f1os despu\u00e9s, al o\u00edr el discurso del Almirante Williams Rebolledo, al inaugurarse el monumento a la Marina, como lo digo al principio de esta narraci\u00f3n. Sin duda recordando lo que dijo el Almirante al zarpar la escuadra en su excursi\u00f3n al Callao, y no viendo otra esperanza de cumplir lo dicho, se lanz\u00f3 al abordaje, donde rindi\u00f3 su vida en holocausto a la Patria, y, como lo dijo en su arenga a la tripulaci\u00f3n, en los primeros momentos de comenzar el combate. Sublime arenga que nos dej\u00f3 trazada la ruta que deb\u00edamos seguir, la que as\u00ed sell\u00f3 con su propio sacrificio.<\/p>\n<p>Retirado el \u201cHu\u00e1scar\u201d a conveniente distancia, para volver a maniobrar, no tard\u00f3 en embestirnos por segunda vez con su espol\u00f3n, y, como antes, a pesar de que se procur\u00f3 maniobrar para evitarlo, choc\u00f3 contra nuestro costado por la amura de estribor. Como el Teniente Serrano se encontraba en el castillo, salt\u00f3 sobre la proa del \u201cHu\u00e1scar\u201d, sigui\u00e9ndole unos doce hombres m\u00e1s o menos, y, aunque sobre la cubierta de \u00e9ste no se ve\u00edan combatientes, sin embargo, tanto el valeroso Teniente Serrano como la gente que le segu\u00eda, sucumbieron por el fuego que se les hac\u00eda desde la torre y parapetos sobre cubierta, apenas iban llegando a ella. Volvi\u00f3 el \u201cHu\u00e1scar\u201d a retirarse r\u00e1pidamente de nuestro costado sin haber conseguido nuestra gente efectuar un verdadero abordaje. Por tercera vez vuelve el \u201cHu\u00e1scar\u201d a repetir otra embestida al espol\u00f3n. Esta vez hiere a la \u201cEsmeralda\u201d al centro de su costado de estribor, y\u00e9ndose a pique pocos momentos despu\u00e9s, con toda su tripulaci\u00f3n y su bandera flameando en el pico del mesana.<\/p>\n<p>En cada espolonazo el \u201cHu\u00e1scar\u201d disparaba su artiller\u00eda a boca de jarro, lo que naturalmente causaba numerosas bajas en el personal y produc\u00eda grandes destrozos en el material; y, as\u00ed como en el primero, el espol\u00f3n no pudo perforar el costado, a causa de las l\u00edneas entrantes del casco, eran salientes o rectas, inundando la santab\u00e1rbara con el segundo espolonazo, casi partiendo el buque con el tercero.<\/p>\n<p>La \u201cEsmeralda\u201d se hundi\u00f3, sumergi\u00e9ndose primeramente de proa, lo que hizo que la gente fuera corri\u00e9ndose a popa, y as\u00ed se vio desaparecer el palo de trinquete, despu\u00e9s el mayor y, por \u00faltimo el de mesana, con la bandera al pico, que fue lo \u00faltimo en desaparecer de la superficie. En este solemne momento, yo me encontraba en cubierta, adonde hab\u00eda bajado poco antes del tercer espolonazo, a fin de ayudar a la gente que hac\u00eda fuego con el ca\u00f1\u00f3n de popa a la bater\u00eda de tierra; pero al ver el resultado del choque., proced\u00ed a despojarme de la ropa exterior, y luego a echarme al agua por la porta de la bater\u00eda m\u00e1s inmediata, procurando nadar; pero, a causa del remolino que formaron las aguas, al hundirse la vieja corbeta, me sent\u00ed llevado por ellas en tal forma que, siendo buen nadador, no pude evadir su influencia, hasta que la misma reacci\u00f3n de ellas al detener el barco sobre el fondo del mar, que ah\u00ed ten\u00eda 19 brazas de profundidad (36 metros), ellas mismas me ayudaron a volver a la superficie, no sin haber tragado antes una bueno porci\u00f3n de agua .<\/p>\n<p>Al volver a respirar el aire, me encontr\u00e9 cerca de un soldado de la guarnici\u00f3n, que batallaba por mantenerse a flote, y, como al lado flotaban un par de coyes le pas\u00e9 uno de ellos, y, unido del otro me apart\u00e9, en tanto, dici\u00e9ndole se sacara la ropa y los zapatos, mientras yo me despojaba de la que a\u00fan ten\u00eda puesta.<\/p>\n<p>Una vez a flote, y m\u00e1s tranquilo para poder tomar una resoluci\u00f3n, vimos desde luego, formando un c\u00edrculo alrededor del punto en que el noble barco fue hundido, todos los objetos flotantes y el personal sobreviviente de \u00e9l, y en esta situaci\u00f3n, pens\u00e9, primeramente, en buscar ad\u00f3nde podr\u00eda dirigir mis esfuerzos a fin de encontrar un refugio, convenci\u00e9ndome, luego, de que a nado no podr\u00eda llegar a punto alguno de la costa, y sent\u00ed la esperanza de que fuera para recoger a los n\u00e1ufragos. Efectivamente, as\u00ed sucedi\u00f3; ven\u00eda a cargo de un joven oficial, armado de espada y rev\u00f3lver, como en combate, y con un suboficial hacha en mano, listo para cortar las manos, si, en su desesperaci\u00f3n, los que estaban por ahogarse, aferrados a la borda del bote, pudieran hacerlo zozobrar; parece que no lleg\u00f3 el caso de hacerlo, pues las fatigas del largo combate, la zambullida y la permanencia en el agua nos ten\u00edan aniquilados. S\u00f3lo qued\u00e1bamos vivos los que no hab\u00edamos sufrido herida alguna y pod\u00edamos mantenernos a flote.<\/p>\n<p>El bote fue recogiendo uno a uno los sobrevivientes y llevados a bordo del monitor, donde, al recibirnos, se nos preguntaba el grado y clase a que pertenec\u00edamos; pero lleg\u00e1bamos en general, completamente desnudos; los oficiales fueron hospedados en la c\u00e1mara del Comandante y la tripulaci\u00f3n en los entrepuentes. Al dirigirnos a popa pudimos ver, tendidos sobre cubierta, los cad\u00e1veres de nuestro heroico Comandante Prat y del Sargento Aldea, cubri\u00e9ndoles la cabeza un pa\u00f1o blanco.<\/p>\n<p>Reunidos en la c\u00e1mara, pudimos ver, entonces, que, de los 17 oficiales que compon\u00edan la dotaci\u00f3n de la \u201cEsmeralda\u201d., s\u00f3lo quedaban 9, y adem\u00e1s el ingeniero civil don A. Cabrera, faltando todo el personal de m\u00e1quina el que permaneci\u00f3 en su puesto, esperando la orden de subir a cubierta, que deb\u00eda llevarles el ingeniero primero se\u00f1or Hyatt; pero que nunca lleg\u00f3, pues, a recibir la autorizaci\u00f3n del Comandante Prat, del Teniente Serrano y del Guardiamarina Riquelme, que tanto hicieron por la gloria de la patria.<\/p>\n<p>Los oficiales peruanos que vinieron a la c\u00e1mara nos trajeron toallas, para secar nuestros cuerpos mojados, y luego despu\u00e9s algo de ropas del uniforme de la mariner\u00eda, para cubrirnos. En estas circunstancias, vino gente para desguarnir el manejo del tim\u00f3n para combate y, poco despu\u00e9s de terminado, sent\u00edamos por el ruido de la h\u00e9lice, que el monitor se supon\u00eda en movimiento, lentamente al principio y despu\u00e9s a toda fuerza, y al observar un comp\u00e1s de colgar, que hab\u00eda en la c\u00e1mara, se pudo ver que se navegaba con rumbo al sur.<\/p>\n<p>Nos acompa\u00f1aban en la c\u00e1mara uno de dos oficiales que se renovaban y entre ellos se hallaba el doctor Talavera, del \u201cHu\u00e1scar\u201d, quien se acerc\u00f3 a su colega de la \u201cEsmeralda\u201d doctor Cornelio Guzm\u00e1n. Este, en la conversaci\u00f3n, le pregunt\u00f3 por el Teniente Serrano, y aquel le respondi\u00f3 que sus heridas eran muy graves, invit\u00e1ndolo, despu\u00e9s, a ver a los heridos, y ambos se marcharon juntos.<\/p>\n<p>En cierto momento uno de nosotros pregunt\u00f3 a uno de los oficiales peruanos se sab\u00edan algo de la suerte corrida por la Covadonga, contestando; \u201ccomo ustedes vieron, iba perseguida por la Independencia, y sin duda habr\u00e1 corrido la misma suerte que la \u201cEsmeralda\u201d pero como la perdimos de vista a\u00fan no sabemos el resultado exacto.<\/p>\n<p>Hab\u00edamos navegando cerca de una hora cuando sentimos parar el movimiento de la h\u00e9lice y poco despu\u00e9s, el ruido de la cadena cuando cae el ancla para fondear. Hab\u00edamos llegado a Iquique donde se acerc\u00f3 a nosotros el Comandante Grau, diciendo que necesitando continuar expedicionando con su buque, le era necesario desembarcarnos enseguida \u201cquedando Uds., nos agreg\u00f3, a cargo de la autoridades militares en tierra, en calidad de prisioneros de guerra\u201d, deseando que tal condici\u00f3n nos fuera lo menos desagradable posible.<\/p>\n<p>Inmediatamente subimos a cubierta, y en seguida bajamos al bote que deb\u00eda conducirnos a tierra, para desembarcar por el muelle de pasajeros, donde se hab\u00eda reunido un numeroso gent\u00edo.<\/p>\n<p>Desembarcamos los diez oficiales prisioneros, custodiados por cinco oficiales del \u201cHu\u00e1scar\u201d, y, al pasar entre la multitud reunida no falt\u00f3 un exaltado que nos hiciera manifestaciones de sus sentimientos hostiles; pero uno de los oficiales peruanos que nos acompa\u00f1aba le reproch\u00f3 su actitud dici\u00e9ndole: \u201cNo es noble ofender a prisioneros que, como tales, no pueden defenderse\u201d. As\u00ed llegamos al edificio de la Aduana donde se nos hizo subir a los altos, y en seguida se nos llev\u00f3 a la presencia del General Buend\u00eda, jefe de las fuerzas militares acantonadas en esa zona, a cuyas \u00f3rdenes deb\u00edamos quedar desde ese momento, tom\u00e1ndose nuestros nombres y grados correspondientes.<\/p>\n<p>Terminado este acto, se retiraron los oficiales del \u201cHu\u00e1scar\u201d, y el General Buend\u00eda se acerc\u00f3 a nosotros, para manifestarnos que nos recib\u00eda como prisioneros, en cumplimiento de las leyes de la guerra, y agreg\u00f3: \u201cpero creo cumplir con un deber de lealtad de soldado, reconociendo, a la vez, el heroico comportamiento de Uds., defendiendo vuestra bandera; los hombres que as\u00ed se baten engrandecen a la humanidad entera. Ahora, como supongo estar\u00e1n Uds., fatigados con los esfuerzos realizados, voy a invitarlos a tomar una peque\u00f1a colaci\u00f3n, que espero los reconforte en algo\u201d. Realmente, tanto las palabras del General como su amable invitaci\u00f3n, nos repusieron el esp\u00edritu y el cuerpo.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed fuimos llevados a un cuartel de bomberos pertenecientes a la Compa\u00f1\u00eda Austroh\u00fangara, donde fuimos alojados provisionalmente, y custodiados por un piquete militar a cargo de un joven oficial. Al entrar al departamento, que era la misma sala de bomba con puerta a la calle, y, por lo tanto, espaciosa, se nos indic\u00f3 al fondo de ella, nuestro alojamiento, el que consist\u00eda en unos diez colchones tendidos sobre el suelo, y sobre ellos tiradas otras tantas almohadas, con una frazada cada uno, cuyo aspecto de limpieza poco invitaba a tenderse sobre ellas.<\/p>\n<p>Ante este espect\u00e1culo, nos resignamos a contemplarlo, dici\u00e9ndonos en voz baja: \u201cSi no podemos disponer de algo mejor, es necesario contentarse con lo que se tiene, y como ya eran cerca de las 10 horas de la noche, y las fatigas de la jornada de ese d\u00eda nos ten\u00edan algo agotadas las fuerzas, nos tendimos silenciosamente, sobre el lecho que cada uno hab\u00eda tomado, y, en verdad, no tardamos en dormirnos hasta el d\u00eda siguiente temprano, en que, al despertar comenz\u00f3 la charla \u00edntima entre nosotros.<\/p>\n<p>Uno de los primeros temas fue referente a los compa\u00f1eros de la \u201cCovadonga\u201d, de quienes aun no obten\u00edamos noticias. Recuerdo que el Guardiamarina Zegers, el m\u00e1s joven de todos los prisioneros, se acerc\u00f3 luego a conversar con el joven oficial peruano que montaba la guardia; pero no pudo sacar nada concreto a ese respecto, sino que le parec\u00eda que estaban tambi\u00e9n prisioneros como nosotros, pero que aun no hab\u00edan llegado a Iquique. Rod\u00f3 luego la conversaci\u00f3n sobre el combate de la \u201cEsmeralda\u201d, pues el Comandante Uribe deseaba tomar nota de todos los detalles principales, a fin de confeccionar el parte que deb\u00eda elevar a la Comandancia General de Marina, ya que al Comandante en Jefe de la Escuadra no se lo permitir\u00edan, ni tampoco \u00e9sta hab\u00eda regresado a Iquique.<\/p>\n<p>Esa misma ma\u00f1ana, vino a vernos el ciudadano espa\u00f1ol se\u00f1or Llanos, quien nos manifest\u00f3 que, facultado por las autoridades peruanas, y como miembro de la Sociedad de Beneficencia Espa\u00f1ola, deseaba darles una modesta pero conveniente sepultura a los cad\u00e1veres de los oficiales de la \u201cEsmeralda\u201d, que sucumbieron a bordo del \u201cHu\u00e1scar\u201d.<\/p>\n<p>Tan noble como espont\u00e1nea actitud de este caballero fue grata y debidamente apreciada por todos y cada uno de nosotros, asegurando al se\u00f1or Llanos que, en igual forma, ser\u00eda tambi\u00e9n estimada por el gobierno y el pueblo chileno.<\/p>\n<p>Cerca del mediod\u00eda, se presentaron ante nosotros un par de chinos, trayendo una gran olla y unos diez platos de lata y otras tantas cucharas. Fue tan un\u00e1nime nuestra repulsi\u00f3n ante aquella escena, que al ofrec\u00e9rsenos el almuerzo, y sin haber hablado una palabra entre nosotros, se les rechaz\u00f3 la oferta, tercamente, dici\u00e9ndoles: \u201c\u00a1No almorzamos!\u201d Una media hora despu\u00e9s vino a vernos el Coronel Velarde, Jefe de Estado Mayor de la zona, quien, tan luego como se impuso de lo ocurrido, nos dijo: \u201cExcusen Uds. lo sucedido; seguramente no habr\u00e1n llegado las \u00f3rdenes que se han dado; pero de aqu\u00ed voy a ver qui\u00e9n ha enviado a esos chinos\u201d. Efectivamente, nos sirvieron despu\u00e9s un excelente almuerzo, tra\u00eddo desde el Club de Iquique.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, en la tarde tuvimos la visita del General Don Mariano Ignacio Prado, Presidente del Per\u00fa, quien nos dijo deseaba imponerse de nuestra situaci\u00f3n, la que, en todo caso, comprend\u00eda no pod\u00eda ser del todo confortadora; pero esperaba la soport\u00e1ramos pacientemente, hasta que la suerte de las armas resolviera las diferencias pol\u00edticas que ocasionaron la guerra, la que \u00e9l procur\u00f3 evitar, haciendo todo lo posible, hasta que la contienda estall\u00f3, y no hubo otro camino que aceptarla, despidi\u00e9ndose despu\u00e9s, dese\u00e1ndonos lealtad y resignaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El d\u00eda 29 se present\u00f3 ante nosotros el Teniente Ferrer, ayudante de bandera del Comandante Grau del \u201cHu\u00e1scar\u201d, trayendo un rollo de bandera al brazo. Este oficial fue uno de los que m\u00e1s nos acompa\u00f1\u00f3 a bordo del monitor, y por su car\u00e1cter vivo y expansivo, se nos hizo simp\u00e1tico. Al saludarnos, nos pregunt\u00f3 como est\u00e1bamos servidos; nos agreg\u00f3 que regresar\u00eda esa ma\u00f1ana de su expedici\u00f3n al sur y al preguntarle por la bandera que tra\u00eda, nos respondi\u00f3 despleg\u00e1ndola: \u201cComo ven Uds. Es nuestro hermoso pabell\u00f3n, el que viene de cubrir el ata\u00fad del Teniente Velarde, que cay\u00f3 herido de gravedad en el combate del d\u00eda 21, de cuyos funerales regreso ahora para volver a mi barco.<\/p>\n<p>Como not\u00f3 una pausa de silencio despu\u00e9s de esto, nos dice: \u201cPero Uds. parecen estar algo abatidos, lo que no es extra\u00f1o en la condici\u00f3n de prisioneros en que est\u00e1n; pero no deber\u00eda ser as\u00ed, porque el resultado del combate del 21 si Uds. perdieron la \u201cEsmeralda\u201d, en cambio nosotros perdimos la \u201cIndependencia\u201d. Nuestro asombro fue tan grande, que casi a la vez exclamamos: \u201c\u00bfPero c\u00f3mo? respondiendo: \u201cSi, persiguiendo a la \u201cCovadonga\u201d, al embestirla con su espol\u00f3n, choc\u00f3 contra una roca ahogada, frente a Punta Gruesa, y\u00e9ndose a pique, y as\u00ed la ca\u00f1onera pudo escapar y se despidi\u00f3 de nosotros, dici\u00e9ndonos: \u201cBueno pues, espero que la noticia les haga cambiar el \u00e1nimo, y ser\u00e1 hasta que nos volvamos a ver, y si no ser\u00e1 hasta el valle de Josafat que as\u00ed es la suerte de la guerra\u201d. Le agradecimos, sin duda sinceramente, la noticia, que realmente ven\u00eda a sacarnos de la monoton\u00eda de nuestra situaci\u00f3n, y le significamos nuestros buenos deseos de volvernos a encontrar nuevamente, en otras condiciones. (El Teniente Ferrer muri\u00f3 despu\u00e9s en el combate de Angamos, el 8 de octubre, probablemente junto con su jefe, el Almirante Grau).<\/p>\n<p>Al marcharse el Teniente Ferrer y quedar solos, nuestro asombro aun permanec\u00eda vivo, admirando la suerte del Comandante Condell, y entonces el Teniente Uribe, nos dice: \u201cEsa es la estrella de Condell, la que durante toda su vida le ha favorecido decididamente, en cuanta facilidad se le present\u00f3\u00bb. Condell, al adoptar la t\u00e1ctica que sigui\u00f3, hizo lo de Nelson y de Cochrane; no se someti\u00f3 ciegamente a las instrucciones recibidas de su jefe, sino que, viendo claramente su situaci\u00f3n, produjo la divisi\u00f3n de la acci\u00f3n en dos combates singulares, a fin de tentar la suerte en otra forma que la que se vio obligado a aceptar su compa\u00f1ero, el Capit\u00e1n Prat, y con ello obtuvo la fortuna, evidentemente inesperada, del completo naufragio de su contendor, inmensamente m\u00e1s potente que \u00e9l en todos sentidos, dando como resultado final que la ofensiva de las fuerzas peruanas, tan seguras y eficazmente preparadas, contra las fuerzas bloqueadoras de Iquique, tan mal y descuidadamente mantenidas, transformara la victoria m\u00e1s segura de aqu\u00e9llas, en el m\u00e1s tremendo fracaso que era posible imaginar.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, al regresar a Chile, despu\u00e9s de canjear los prisioneros chilenos por los del \u00abHu\u00e1scar\u00bb y de la \u00abPilcomayo\u00bb, conversando con el Capit\u00e1n Condell, a este respecto, le pregunt\u00e9 por qu\u00e9 hab\u00eda hecho caso omiso de las instrucciones del Capit\u00e1n Prat, y me respondi\u00f3: \u00abPorque vi claramente que Uds. no ten\u00edan otra soluci\u00f3n que rendirse o irse pique, por esto me decid\u00ed a buscar mejor suerte\u00bb. Solo entonces me impuse del hecho de<br \/>\nque el \u00abHu\u00e1scar\u201d no continu\u00f3 persigui\u00e9ndolo, por la noticia que, inconscientemente, dio el cirujano Guzm\u00e1n al Oficial peruano, de que la Covadonga andaba 9 millas; y como el Hu\u00e1scar daba 10, s\u00f3lo ten\u00eda una milla de ventaja para ganar las 9 \u00f3 10 que faltaban, lleg\u00e1ndole as\u00ed la oscuridad de la noche s i continuaba la caza.<\/p>\n<p>Uno o dos d\u00edas despu\u00e9s se nos traslad\u00f3 a una de las piezas de los altos del edificio de la aduana, donde tambi\u00e9n se encontraban hospedados los suboficiales, clases y marineros sobrevivientes de la \u00abEsmeralda\u00bb, en una de las cuadras del piso bajo. Aqu\u00ed, como en el cuartel de bomberos, dorm\u00edamos en camas a suelo raso; pero ten\u00edamos una mesa para comer y sillas en que sentarnos, aunque el servicio sanitario consist\u00eda en un barril, en un cuartucho al lado del dormitorio.<\/p>\n<p>Mientras est\u00e1bamos aqu\u00ed, entre las pocas personas que nos visitaron, debo recordar al secretario privado del General Prado, quien, al presentarse, pregunt\u00f3 por el Se\u00f1or Wilson. Al o\u00edr esto, me acerqu\u00e9 a \u00e9l, y me dijo que deseaba hablar privadamente conmigo; apart\u00e1ndonos a un rinc\u00f3n del cuarto, me dijo qui\u00e9n era y que ven\u00eda de parte del se\u00f1or General Prado, para ofrecerme que pasara la prisi\u00f3n en una casa de familia honorable, en Arequipa o en Lima, a lo que respond\u00ed agradeciendo; pero, a la vez, que no me era posible aceptar esta excepci\u00f3n, pues era natural que deb\u00eda correr la misma suerte que mis dem\u00e1s compa\u00f1eros. Estimando debidamente esta respuesta, el se\u00f1or secretario me asegur\u00f3 que as\u00ed lo har\u00eda presente al se\u00f1or Prado era debida la consideraci\u00f3n de que mi cu\u00f1ado Vicente Santa Cruz era su apoderado en Chile, para atender su intereses particulares. Otra de las visitas fue la del Presidente de Bolivia, General don Hilari\u00f3n Daza, qui\u00e9n, despu\u00e9s de saludarnos militarmente, durante un instante, se retir\u00f3 sin m\u00e1s asunto.<\/p>\n<p>En esos d\u00edas regres\u00f3 la Escuadra Chilena, la que restableci\u00f3 el bloqueo inmediatamente, seg\u00fan supimos por unos tiros que dirigi\u00f3 contra las resacadoras de agua. En la noche del 10 de Julio, volvimos a sentir algunos tiros de ca\u00f1\u00f3n. Se nos dijo despu\u00e9s que era el \u00abHu\u00e1scar\u00bb, que hab\u00eda entrado al puerto, para sorprender a los buques fondeados.<\/p>\n<p>Dos o tres d\u00edas m\u00e1s tarde, los disparos de la Escuadra tomaron un aspecto m\u00e1s serio para la poblaci\u00f3n: as\u00ed, dos granadas estallaron esa noche en el edificio de la Aduana, donde estaban hospedados los prisioneros de la \u00abEsmeralda\u00bb y detr\u00e1s del cual se hab\u00eda refugiado un numeroso gent\u00edo.<\/p>\n<p>Una de ella mat\u00f3 al centinela que guardaba la entrada y los cascos de la otra atravesaron el cuarto en que est\u00e1bamos hospedados los oficiales prisioneros. Con tal motivo, la gente, indignada, gritaba contra nosotros, llam\u00e1ndonos cobardes asesinos.<\/p>\n<p>En tales momentos, se acercaron a nosotros el General Buend\u00eda y el General L\u00f3pez Lavalle, Prefecto de Iquique, para asegurarnos que no temi\u00e9ramos a los gritos del pueblo reunido bajo nuestra ventana; que ah\u00ed estaban ellos, para impedir toda intentona hostil contra nosotros, agregando que no comprend\u00edan la raz\u00f3n del ataque de nuestra Escuadra, pues, tanto durante el d\u00eda como en la noche, les constaba que nada, absolutamente nada, se hab\u00eda movido o intentado contra nuestras naves; \u00abno obstante\u00bb, a\u00f1ad\u00edan, \u00abhemos sentido primeramente, un fuego de fusiler\u00eda y ametralladora, y despu\u00e9s han venido los tiros de ca\u00f1\u00f3n que Uds. han sentido de los cuales como Uds. ven, han aceptado, puede decirse, milagrosamente\u00bb. Agradecimos esta atenci\u00f3n de los se\u00f1ores generales, manifest\u00e1ndoles que, por sus informaciones podr\u00eda ser una falsa alarma que excit\u00f3 la vigilancia de la Escuadra bloqueadora, y en represalia han disparado sobre la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esta escena inesperada, cesaron los disparos y todo fue volviendo a la tranquilidad, hasta que amaneci\u00f3 el d\u00eda, y, por el movimiento que se notaba en las oficinas del edificio ocupado por la superioridad militar y autoridades locales, algo anormal pasaba. Como a las 10 hrs. de la ma\u00f1ana volvieron a vernos los generales Buend\u00eda y L\u00f3pez Lavalle, acompa\u00f1ados del c\u00f3nsul de S. M. Brit\u00e1nica, para manifestarle al Comandante Uribe que la poblaci\u00f3n alarmada con lo sucedido en la noche anterior, hab\u00eda solicitad del decano del cuerpo consular y de las autoridades locales que pidieran al jefe de la Escuadra bloqueadora alguna consideraci\u00f3n para los habitantes no combatientes y extranjeros residentes, como un sentimiento humanitario; darles alg\u00fan aviso previo, antes de hacer fuego, e indicarles un lugar de refugio, en caso de ataque inesperado.<\/p>\n<p>El Comandante Uribe, despu\u00e9s de o\u00edr esta petici\u00f3n, contest\u00f3, diciendo que, en su calidad de prisionero de guerra, no ve\u00eda como podr\u00eda dirigirse al Comandante en Jefe de la Escuadra bloqueador a y transmitirle un mensaje de tal naturaleza, por muy buena voluntad que tuviera. Se le indic\u00f3, entonces, que el se\u00f1or C\u00f3nsul de su S. M. Brit\u00e1nica podr\u00eda llevar a bordo del buque jefe una carta, en la que podr\u00eda agregar que los prisioneros estaban hospedados en el edificio de la aduana. Despu\u00e9s de considerar la cuesti\u00f3n insistiendo los visitantes en que una misiva de parte del Comandante Uribe ser\u00eda de utilidad para el se\u00f1or C\u00f3nsul, al hablar con el Almirante Williams, escribi\u00f3 lo siguiente, m\u00e1s o menos, seg\u00fan mis recuerdos: \u00abA pedido de la autoridad local y decano del cuerpo consular de Iquique, me permito dirigirme a VS. poniendo en su conocimiento que los prisioneros de la \u00abEsmeralda\u00bb se encuentran hospedados en el edificio de la aduana. Saluda a Us. &#8211; L. Uribe\u00bb. Al leer esto los se\u00f1ores generales estimaron que no pod\u00eda decirse algo m\u00e1s lac\u00f3nico, pero que as\u00ed la enviar\u00edan con el se\u00f1or C\u00f3nsul de su S. M. Brit\u00e1nica, retir\u00e1ndose en seguida.<\/p>\n<p>La contestaci\u00f3n del Almirante Williams Rebolledo fue tambi\u00e9n por el estilo, seg\u00fan se nos dijo despu\u00e9s, y ella era el tenor siguiente, seg\u00fan mis recuerdos: \u00abQue la noche anterior los centinelas hab\u00edan dado la alarma de un intento de ataque por una embarcaci\u00f3n, lo que confirmaba la noticia que ten\u00eda, que en tierra se preparaba un ataque de torpedo contra la Escuadra, y \u00e9sta fue la causa de los disparos, en represalia de tal intento; y, en cuanto a los prisioneros de la \u00abEsmeralda\u00bb, los combatientes y los extranjeros, no cabe pedirme consideraciones humanitarias, desde que a m\u00ed, como jefe de la Escuadra bloqueadora, no me afecta responsabilidad alguna, en resguardo de sus vidas; estamos en estado de guerra, y, por lo tanto, si necesito operar contra las fuerzas de tierra, no me ser\u00e1 dado tomar en cuenta tales consideraciones; es a las autoridades peruanas a quienes corresponde tomar las medidas para proteger a la gente que tiene a sus \u00f3rdenes, al frente del enemigo, como tambi\u00e9n los mismos habitantes deben tener presente esta situaci\u00f3n, para cuidar sus propias personas. Adem\u00e1s, no soy yo quien tiene a los prisioneros de la \u00abEsmeralda\u00bb donde est\u00e1n ni me afecta, tampoco, responsabilidad sobre la suerte que el Per\u00fa quiera darles; es \u00e9l quien dispone de ellos.<\/p>\n<p>As\u00ed permanecimos hasta principios de Agosto, en que la Escuadra Chilena abandon\u00f3 el bloqueo de Iquique y en esos d\u00edas los oficiales prisioneros fuimos trasladados, reuni\u00e9ndonos con los prisioneros del \u00abRimac\u00bb, transporte en el cual fue tomado el regimiento Carabineros de Yungay, y donde permanecimos hasta ser canjeados por los prisioneros del \u00abHu\u00e1scar\u00bb y de la \u00abPilcomayo\u00bb.<\/p>\n<p>Esta narraci\u00f3n es la expresi\u00f3n exacta de cu\u00e1ndo hice, vi, o\u00ed y sent\u00ed en aquella acci\u00f3n naval, en que me toc\u00f3 actuar como Comandante de la guardia al reconocer al enemigo, como oficial de navegaci\u00f3n y luego como ayudante del Comandante Prat, a cuyas \u00f3rdenes me puse, al bajar de la cofa de mesana, estimando que no era ya necesaria tal obligaci\u00f3n, al tomar el \u00abHu\u00e1scar\u00bb la posici\u00f3n cercana a la isleta del Faro, lo que acept\u00f3 complacido el Comandante, dici\u00e9ndome: \u00abMuy bien, pues, puedo necesitarlo para impartir \u00f3rdenes urgentes\u00bb lo cual no tard\u00f3 en suceder, cuando vio que el \u00abHu\u00e1scar\u00bb maniobraba para embestirnos, orden\u00e1ndome correr hasta la m\u00e1quina, con la orden para el ingeniero Hyatt.<\/p>\n<p>Mucho se escribi\u00f3 en aquella \u00e9poca, referente a esta acci\u00f3n naval, pues su resultado conmovi\u00f3 a la opini\u00f3n p\u00fablica de Chile y a\u00fan a la prensa peruana de Iquique, la que, en los primeros momentos, encomi\u00f3 francamente la conducta de los defensores de la vieja corbeta, no tardando, sin embargo, en reaccionar, al reconocer la opini\u00f3n chilena, llegando hasta hacer el rid\u00edculo, al referirse al estado en que llegamos a bordo del \u00abHu\u00e1scar\u00bb, cuando fuimos recogidos del agua, y llam\u00e1ndonos \u00abh\u00e9roes desnudos\u00bb. Sin duda que los cronistas han exagerado de un lado y otro, seg\u00fan el efecto que deseaban producir en sus lectores; pero, desde el punto de vista militar, se habr\u00e1 visto, en lo que dejo narrado, que despu\u00e9s del combate, tanto vencedores como vencidos, a bordo del \u00abHu\u00e1scar\u00bb, se trataron cort\u00e9smente, pues ambos hab\u00edan cumplido lealmente con su deber, defendiendo a sus respectivas patrias.<\/p>\n<p>No hubo ni verdugos, ni m\u00e1rtires, como algunos escritores en su fantas\u00eda, han dicho, sino, simplemente, combatientes que defend\u00edan una noble causa que sus gobiernos no hab\u00edan podido arreglar pac\u00edficamente, y que, por lo tanto, deb\u00eda ser resuelta por la fuerza de las armas. Ya sabemos que en el mar no hay m\u00e1s alternativa que rendirse o irse a pique; y como la vieja corbeta prefiri\u00f3 hundirse antes que rendirse, al \u00abHu\u00e1scar\u00bb le correspondi\u00f3 cumplir con sus deseos.<\/p>\n<p>Es en vista de estas consideraciones que, cuando leo al frente del monumento a las glorias de la \u00abEsmeralda\u00bb, en Valpara\u00edso, la inscripci\u00f3n: \u00abLa patria a sus h\u00e9roes m\u00e1rtires,\u00bb me he permitido protestar de esta palabra m\u00e1rtir que creo impropia, pues, como digo, ambos beligerantes estaban armados y bien conscientes de los que hac\u00edan; no ten\u00edan m\u00e1s presi\u00f3n que el amor a la patria, y estaban dispuestos a sacrificarlo todo por ella. Que uno era inmensamente m\u00e1s potente que el otro, as\u00ed lo quiso la suerte de la guerra; en cambio, en el caso de la \u00abCovadonga\u00bb, esto fue a la inversa; el afortunado fue el inmensamente m\u00e1s d\u00e9bil, y no faltaron escritores, en el Per\u00fa que llamaron a Condell, cruel y sanguinario, porque no se detuvo a socorrer a los n\u00e1ufragos, cuando a la vista del Hu\u00e1scar, decidi\u00f3 huir, antes que volver para dejarse coger.<\/p>\n<p>Esto viene, pues, a probar que a\u00fan ante fuerzas superiores puede obtenerse una decisiva ventaja militar y bastar\u00e1, para ello, que sus comandantes tengan, en cambio, sus corazones blindados. As\u00ed, vemos que, sin ponerse de acuerdo, la \u00abEsmeralda\u00bb resistiendo hasta hundirse con toda su tripulaci\u00f3n y su bandera al tope, da lugar a que la \u00abCovadonga\u00bb aproveche la ocasi\u00f3n para escapar al sur, resistiendo a su tenaz perseguidor, el que tambi\u00e9n la embiste por tres veces, con su espol\u00f3n, y se va, igualmente, a pique chocando contra una roca ahogada, al intentar su tercer ataque, y terminando, as\u00ed, la acci\u00f3n general, que con tanta seguridad hab\u00eda preparado al Per\u00fa, en un desastre que le costaba la p\u00e9rdida de su m\u00e1s veloz y eficiente nave de combate, rest\u00e1ndole con ello casi la mitad de su poder naval. Creo, pues, mi querida Carmen, que con esto habr\u00e9 cumplido con los deseos de nuestro amigo don Agust\u00edn Edwards.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00cdA:<br \/>\nWilson, Arturo. Recuerdos del Combate Naval de Iquique. El 21 de mayo de 1879. Imprenta de la Armada, Valpara\u00edso, 1927.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Contralmirante Arturo E. Wilson. 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